Trabajamos con el mismo amor, dedicación y esfuerzo con que lo hacían nuestros abuelos. Mi familia paterna se ha dedicado a las fincas y lechería desde hace más de cuatro generaciones. Mi papá recibió de su papá tierra y ganado que manejó por muchos años y era su pasión. Vendía la leche a una Cooperativa y siempre soñó con crecer lo suficiente para montar una segunda finca aparte para hacer queso.
En los terrenos de las faldas del Volcán Irazú, inició su proyecto construyendo las edificaciones para montar ahí su quesera. Sin embargo, falleció por un mieloma múltiple en el 2015, dejó todo casi concluido, no pudo verlo funcionando. Siendo mi formación universitaria en Tecnología de Alimentos y que me especialicé en Lácteos fuera del país, al recibir en el 2020 como herencia ese pedacito de tierra, decidí iniciar con el proyecto para cumplir el sueño de mi papá. Poco a poco ese sueño se ha convertido también en el mío. Mi objetivo es trabajar siempre con el mismo amor, dedicación y esfuerzo con el que lo hicieron mis antepasados para mantener vivo su legado y combinar las herramientas de la tecnología con la preservación de los métodos tradicionales y el saber-hacer de antaño.