27/09/2021
El Fogón:
Hace muchas décadas, antes de las cocinas eléctricas y las estufas de hierro, la gran mayoría de nuestros tatarabuelos eran campesinos muy sencillos, descalzos y con el piso de tierra en la casa.
Vivían sus vidas entre cafetales, potreros o cañales. Para aquellos jornaleros pobres la idea de comprarse una estufa de hierro, fabricada en Inglaterra o Alemania era un tanto difícil de alcanzar.
Hace 100 años no todos tenían una parcela propia ni recibían sueldo monetario de la compañía para la que trabajaban. Era la época de la Oligarquía Cafetalera y prácticamente cada Colón que ganaba Costa Rica era para pagar los privilegios de la Oligarquía Cafetalera.
Por eso la mayoría de ticos, en Santa Cruz de Guanacaste o barrio El Laberinto en San José, cocinaban sus alimentos con fogones. Eso era lo normal desde la época de los indígenas y el período colonial: acomodar piedras, prender fuego abajo y colocar el comal arriba.
Estoy seguro que así hacían mis antepasados en el Siglo XIX las empanadas de frijoles o la olla de carne.
Las estufas de hierro comenzaron a llegar luego de la Independencia, con las exportaciones de café y la Revolución Industrial en Europa. Pero hasta la Década de 1940 fueron un lujo, cosa de gente acomodada.
Luego, en 1949 fue creado el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) para llevar luz a cada pueblo, trayendo tecnologías nuevas y nunca antes vistas, como las primeras cocinas eléctricas en los Años 50s.
Hoy es raro encontrar personas que sigan cocinando con estufa y todavía más extraño es toparse con un fogón que siga funcionando. Aunque sí los hay, y cosas tan simples como un gallopinto o un picadillo de papa, saben bastante diferente.
El fogón le da su propio toque especial.