Gran Porky cultura andina

Gran Porky cultura andina En Granja Porky Cultura Andina nos dedicamos a la crianza de chanchos en la sierra. Carne fresca, sana y de confianza para tu familia o tu negocio

Vendemos cerdos vivos y por kilo, criados con alimento natural y en un ambiente limpio.

Un día estaba sentado a la mesa, con mi plato bien servido, listo para almorzar. Todo tranquilo… hasta que, de la nada, ...
04/12/2025

Un día estaba sentado a la mesa, con mi plato bien servido, listo para almorzar. Todo tranquilo… hasta que, de la nada, me vino un recuerdo de mi chancho.

Ahí estaba yo, con el tenedor en la mano, y en mi mente apareció su cara, esa cara de inocente que ponía cuando quería más comida. Yo me quedé mirando el plato como si él me estuviera observando desde algún lado del corral.

— “Ay no… justo tenía que acordarme ahora.”
Y me empezó a dar risa.

Recordé cómo ese chancho me seguía por todo el patio, cómo chillaba cuando escuchaba el balde, cómo se metía donde no debía… y yo ahí, en plena comida, pensando:
— “Este desgraciadito, cómo me hacía renegar, pero cómo lo quería.”

Mi familia me vio riéndome solo y me preguntó:
— “¿Qué te pasa ahora?”
Y yo solo dije:
— “Nada, me acordé de alguien…”

Al final seguí comiendo, pero con esa sensación rara y graciosa de que mi chancho, desde donde esté, seguro estaría diciendo:
— “¡Oye! ¿Y dónde está mi parte?”

Un día de diciembre, bien emocionado porque ya se acercaba Navidad y Año Nuevo, fui al chiquero y le dije a mi chancho:—...
04/12/2025

Un día de diciembre, bien emocionado porque ya se acercaba Navidad y Año Nuevo, fui al chiquero y le dije a mi chancho:

— “Oye, ya viene Navidad, compadre. ¡Faltan pocos días!”

Mi chancho, en vez de alegrarse, me miró con esa carita de sospecha, como diciendo:
— “¿Y eso qué tiene que ver conmigo?”

Entonces yo, todo emocionado, seguí hablándole:
— “Vamos a decorar, voy a poner luces, música… ¡va a estar bonito!”

Y justo cuando prendí las luces navideñas cerca del corral, el chancho pegó un brinco como si hubiera visto un fantasma. Corrió de un lado a otro chillando, y yo detrás de él tratando de calmarlo:

— “¡Oye, tranquilo! ¡Es Navidad, no un terremoto!”

Mi mamá desde lejos me gritó:
— “Ese chancho piensa que le estás anunciando otra cosa, por eso se asusta.”

Al final, el chancho se calmó, se acercó a las luces y empezó a olerlas como inspector. Y cuando vio que no eran comida, volvió a mirarme con cara de:
— “¿Y esto qué aporta a mi vida?”

Yo solo dije:
— “Ya bueno… feliz Navidad igual, gruñoncito.”

Y así fue como traté de darle espíritu navideño a mi chancho… y él solo quería comida.

Un día que mis chanchos ya estaban grandes, yo me había antojado un buen chicharrón. Desde temprano andaba emocionado, d...
04/12/2025

Un día que mis chanchos ya estaban grandes, yo me había antojado un buen chicharrón. Desde temprano andaba emocionado, diciendo:
— “Hoy sí comemos rico, ya está decidido.”

Hasta que mi familia me dijo:
— “¿Ya sabes cómo se hace?”
Y yo, bien seguro:
— “Claro, facilito.”
…sin tener idea de nada.

Cuando me tocó comenzar a preparar todo, ahí empezó la comedia. Prendí el fogón y puse la olla… pero me olvidé de que estaba vacía. ¡Y empezó a sonar como si fuera cohete de Año Nuevo!

Después, cuando por fin puse la carne, le eché demasiada sal. Mi tío vino, probó un pedacito y dijo:
— “Esto no es chicharrón… esto es sal con carne.”

Y para rematar, mientras yo renegaba, mi chancho más gordito, el que quedaba por ahí dando vueltas, me miraba como diciendo:
— “¿Ves? Por eso no te dejo cocinar.”

Al final, terminé llamando a mi mamá para que me salvara, porque si seguía así, el chicharrón iba a salir más duro que piedra de río.

Y bueno… ese día aprendí que hacer chicharrón no era tan fácil como decirlo, pero al menos nos reímos y al final salió algo rico (más o menos 😅).

Cuando mis chanchos ya estaban bien gorditos, parecían dos pelotas con patas. Cada vez que entraba al chiquero, no corrí...
04/12/2025

Cuando mis chanchos ya estaban bien gorditos, parecían dos pelotas con patas. Cada vez que entraba al chiquero, no corrían… ¡rodaban!
Un día entré con su balde de comida y ellos, emocionadísimos, comenzaron a empujarme como si yo fuera parte del desayuno.

Uno de ellos, el más gordito, al querer meterse primero a la batea, calculó mal su “tamaño real”… ¡y se quedó atorado entre dos palos del corral!
Ahí estaba yo, tratando de ayudarlo, y él chillando como si le contara un secreto. Y cuando por fin salió, ni agradeció: se fue directo a comer como si nada hubiera pasado.

Mi mamá solo dijo:
— “Ese chancho ya no camina, hace temblar la tierra.”

Y yo mirando: “Ay, pero qué voy a hacer si los he criado bien felices.”

Así fue como descubrí que tener chanchos gorditos no es solo bonito… también es un show gratis todos los días.

Cuando recién decidí tener mi chanchería, yo pensé que criar chanchos era cosa fácil: “Les doy comida, crecen y ya está”...
04/12/2025

Cuando recién decidí tener mi chanchería, yo pensé que criar chanchos era cosa fácil: “Les doy comida, crecen y ya está”. ¡Ja! No sabía lo que me esperaba.

El primer día que traje a mis dos primeros chanchitos, bien bonitos ellos, uno rosadito y otro manchadito, les preparé su corral. Todo limpio, su agüita, su comida… parecía un hotel de 5 estrellas para chanchos.

Pero apenas me di la vuelta para entrar a la casa a traer más comida, escuché un ruido raro atrás. Cuando regresé, ¡los dos chanchitos habían volteado el balde de agua, se habían revolcado en el barro y estaban mirando como si hubieran ganado una pelea! Yo ahí renegando, limpiando, levantando el balde… y ellos felices, como si fuera spa de lodo.

Luego mi vecina pasó y me dijo riéndose:
— “Si tus chanchos están así el primer día, prepárate… esos son traviesos.”

Yo solo pensé: ¿Qué hice?
Pero al final, entre el barro, el ruido y el desorden, me encariñé. Y así, con dos chanchitos locos que hicieron desastre desde el primer minuto, empezó mi chanchería.

Dicen que las grandes aventuras nacen en momentos simples. La tuya empezó una mañana en la que el sol parecía un huevo f...
04/12/2025

Dicen que las grandes aventuras nacen en momentos simples. La tuya empezó una mañana en la que el sol parecía un huevo frito colgado en el cielo. Tú mirabas un terrenito vacío y sentías que ahí faltaba algo… algo que gruñera con personalidad.

Un vecino pasó y te dijo:
“¿Por qué no pruebas con un par de chanchitos? Son agradecidos, comen bien y dan buena vida”.
Sus palabras quedaron flotando como semillas al viento, y una de ellas te cayó justo en el corazón.

Ese mismo día fuiste a ver unos lechoncitos. Uno te miró como si ya te conociera de antes, con esa carita redonda que parece dibujada a mano. Y tú dijiste “listo, tú vienes conmigo”.
Ahí empezó todo.

Primero fueron dos.
Luego cuatro.
Después, cuando te diste cuenta, ya los chanchos tenían nombres y conversaban contigo sin decir palabra. La granja creció como crecen las cosas que uno hace con ganas: paso a paso, pero firme, dejando un olor a tierra, maíz y futuro.

Y así, entre madrugadas, risas y mucho trabajo, tu granja dejó de ser un sueño y se volvió tu lugar. Tus chanchos, tu orgullo. Y tu historia, una de esas que se cuentan sin prisa.

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19/11/2025

Cuando el calor aprieta, el rey del corral ya sabe qué hacer: ¡su whirlpool bath de barro está siempre listo! Ni en un spa se relaja tanto este campeón.”

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19/11/2025

Un hocico morado en el cerdo puede indicar mala circulación, golpes, temperaturas muy frías o problemas respiratorios que reducen el oxígeno en la sangre. Es importante observar si respira con dificultad, está decaído o no quiere comer, y acudir al veterinario si el color no mejora en pocas horas.”

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19/11/2025

La desparasitación en lechones empieza entre los 7 y 10 días con una dosis pequeña de ivermectina. Se refuerza a los 28–30 días y luego cada 2 meses. Esto ayuda a prevenir lombrices, sarna y piojos, manteniendo a los lechones sanos y con buen crecimiento.”

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