04/12/2025
Un día estaba sentado a la mesa, con mi plato bien servido, listo para almorzar. Todo tranquilo… hasta que, de la nada, me vino un recuerdo de mi chancho.
Ahí estaba yo, con el tenedor en la mano, y en mi mente apareció su cara, esa cara de inocente que ponía cuando quería más comida. Yo me quedé mirando el plato como si él me estuviera observando desde algún lado del corral.
— “Ay no… justo tenía que acordarme ahora.”
Y me empezó a dar risa.
Recordé cómo ese chancho me seguía por todo el patio, cómo chillaba cuando escuchaba el balde, cómo se metía donde no debía… y yo ahí, en plena comida, pensando:
— “Este desgraciadito, cómo me hacía renegar, pero cómo lo quería.”
Mi familia me vio riéndome solo y me preguntó:
— “¿Qué te pasa ahora?”
Y yo solo dije:
— “Nada, me acordé de alguien…”
Al final seguí comiendo, pero con esa sensación rara y graciosa de que mi chancho, desde donde esté, seguro estaría diciendo:
— “¡Oye! ¿Y dónde está mi parte?”