10/04/2026
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Una reciente información que ha llegado a este medio nos manifestó que el expediente del caso por cohecho de Ernesto Peña Robalino, alcalde de Moyobamba, ya estaría en la etapa de juzgamiento en el 2° juzgado unipersonal de Moyobamba. Informaciones dentro del pasillo municipal nos indican que existe una creciente preocupación en el entorno más cercano del alcalde y que buscarían aplazar lo más que puedan para seguir en los cargos que hoy ostentan.
A estas alturas la población de Moyobamba se encuentra totalmente desilusionada de los 10 meses de gestión municipal liderada por Ernesto Peña, se escucha constantes reclamos de la población por las calles deterioradas, la mala atención en la municipalidad y la nula gestión y liderazgo por parte del alcalde, a esto se suma los cuestionamientos por contrataciones directas, y de que presuntamente estaría utilizando su poder político e influencias para dilatar su proceso y librarse de la justicia.
Lo que resulta escandaloso es que este caso considerado emblemático y modelo de lucha contra la corrupción (algo nunca antes visto en la ciudad de Moyobamba) descanse hoy en el sueño de los justos. Recordemos que el hombre, acusado de hipotecar la gestión pública por una presunta coima de 10 mil soles para la obra del Jr. Trujillo recuperó su libertad en mayo de 2025 por exceso de carcelería, y desde entonces, el reloj judicial parece haberse detenido. En la justicia peruana hemos visto casos y casos, esperemos que este no sea uno donde la justicia sea lenta, pero de una parsimonia para quien ostenta el poder.
Abogados especialistas en derecho penal nos han informado que este caso ya culminó las etapas de investigación preparatoria y control de acusación, incluso ya existe una sentencia contra el colaborador eficaz, quien fue cómplice de este acto de corrupción. Es decir, ya hay un culpable confeso que detalló la ruta del dinero y el tráfico de influencias, pero el principal implicado sigue despachando en la municipalidad como si las pruebas contundentes fueran unas simples anécdotas. Ahora Moyobamba no solo tiene una autoridad con probada incapacidad, sino también una que no tiene la autoridad moral para ostentar el más alto cargo de la capital de la región.