07/30/2026
Excelente artículo de Carlos Cuevas. Tienen la asignación de leerlo y compartirlo.
NUESTRO PASO FINO EN PELIGRO DE EXTINCIÓN: ¡NO ES MOTIVO DE ORGULLO!
Cuando el silencio también mata una raza
Por: Carlos G Cuevas Delgado
Hay verdades que incomodan. Verdades que algunos prefieren ignorar porque enfrentarlas exige actuar. Sin embargo, si realmente amamos la raza del caballo de Paso Fino de Puerto Rico, ha llegado el momento de decirlas con claridad.
Sabemos que nuestra raza de Paso Fino está en peligro de extincion. Obviamente no hablamos de una desaparición inmediata, Hablamos de una realidad que merece atención: la necesidad de asegurar el relevo generacional, fortalecer la crianza responsable, ampliar la base de nuevos aficionados y proteger el legado cultural que representa esta raza.
Mientras repetimos con orgullo que el Paso Fino fue declarado Patrimonio Nacional y Cultural de Puerto Rico, debemos hacernos una pregunta incómoda: ¿Estamos haciendo lo suficiente para garantizar que ese patrimonio siga vivo dentro de cincuenta o cien años?
Una o varias leyes puede reconocer un legado.
Pero ninguna ley puede mantenerlo vivo si las personas dejan de sostenerlo.
El caballo de Paso Fino no es solamente un animal extraordinario. Es historia. Es cultura. Es identidad. Es Puerto Rico. Es el resultado del esfuerzo de generaciones de puertorriqueños que dedicaron su vida a perfeccionar una raza admirada en todo el mundo.
Sin embargo, ningún patrimonio está garantizado para siempre. La historia está llena de tradiciones que desaparecieron porque quienes las heredaron pensaron que siempre estarían ahí. Ese es el mayor peligro. No la falta de amor.Sino la falsa sensación de que todo está asegurado.
Miremos alrededor. ¿Cuántos niños y adolescentes están entrando al mundo del Paso Fino? ¿Cuántos jóvenes quieren convertirse en criadores? ¿Cuántos sueñan con dedicar su vida a esta industria?Comparemos: ¿Cuántos jóvenes participan en nuestras competencias, versus cuántos asisten a las competencias de caballos de Paso ? El reto de atraer nuevas generaciones es real.
Vivimos en una época donde las redes sociales, los videojuegos y el entretenimiento digital compiten por la atención de nuestros jóvenes. Eso hace aún más importante crear espacios donde descubran el valor del caballo, de la tradición y de la cultura ecuestre. Si no logramos despertar ese interés, el relevo generacional se hará cada vez más difícil.
No basta con culpar a los cambios de la sociedad. El gremio también tiene una responsabilidad.
Cuando las diferencias personales pesan más que los objetivos comunes, cuando la crítica reemplaza al diálogo o cuando un evento exitoso se percibe como el triunfo de unos y no de toda la industria, todos perdemos.
Cada criadero que deja de operar. Cada evento que desaparece. Cada propietario que decide no regresar.Cada patrocinador que pierde interés. Es una oportunidad menos para fortalecer el futuro del Paso Fino.
Criar un caballo de calidad requiere recursos, conocimiento y tiempo. Mantener instalaciones, alimentación, salud, entrenamiento y participación en eventos representa un esfuerzo económico considerable. Eso obliga a pensar de manera estratégica. Necesitamos más patrocinadores. Más promoción.Más turismo ecuestre. Más alianzas entre el sector público y privado. Más educación. Más innovación. El Paso Fino no solo debe preservarse como tradición. También debe fortalecerse como una industria sostenible.
Existe un riesgo silencioso. Que algún día el Paso Fino sea recordado únicamente como una gloria del pasado. Que nuestros nietos lo conozcan únicamente por fotografías. Que escuchen historias sobre grandes campeones sin haber tenido la oportunidad de ver uno en una pista. Eso sería un fracaso colectivo.
Porque el verdadero homenaje a quienes construyeron esta raza no consiste en recordarlos. Consiste en continuar su obra.
La responsabilidad es de todos. No solamente de los criadores. No solamente de las asociaciones. No solamente del Gobierno. También de los propietarios. De los entrenadores. De los jinetes. De los aficionados. De los auspiciadores. De los medios especializados.
Y también de quienes, aunque nunca hayan montado un caballo, entienden que proteger una tradición también es proteger la identidad de un pueblo.
Celebrar el Día Nacional del Paso Fino es importante. Organizar festivales también. Realizar competencias fortalece la industria.Pero nada de eso tendrá verdadero significado si no conseguimos que más personas amen esta raza y quieran formar parte de su futuro. Necesitamos abrir las puertas. Invitar. Educar. Inspirar. Acercar el caballo a las familias. A las escuelas. A las universidades. A las comunidades.
Dentro de veinte años… ¿Qué queremos encontrar? ¿Pistas llenas? ¿Criaderos creciendo?¿Jóvenes apasionados? ¿Nuevos inversionistas? ¿Un Puerto Rico reconocido mundialmente como la cuna del Paso Fino? ¿O un legado reducido por la indiferencia y la falta de planificación?
La respuesta comienza con las decisiones que tomemos hoy
El futuro todavía está en nuestras manos. Todavía estamos a tiempo. Puerto Rico cuenta con extraordinarios criadores. Excelentes entrenadores. Jinetes de primer nivel. Veterinarios altamente capacitados. Empresas comprometidas.Y una comunidad apasionada por el caballo de Paso Fino. Sobre esa base podemos construir un futuro sólido.
Pero ese futuro requiere unidad, planificación, apertura a nuevas generaciones y un compromiso renovado con la preservación de esta raza.
Antes de cerrar... déjenme responder una pregunta que probablemente muchos ya se hicieron.
Muchos se preguntarán: "¿Y este quién es para hablar de caballos, si ni siquiera tiene uno?"
La pregunta es válida.
Y mi respuesta es sencilla.
Es verdad, hoy no tengo caballos. Ojalá los tuviera. Lamentablemente, por circunstancias personales que no vienen al caso, no me es posible tenerlos en este momento de mi vida. Pero una cosa es no tener caballos hoy, y otra muy distinta es no conocer el mundo del Paso Fino.
Yo nací entre caballos.
Nací literalmente dentro del gremio, dentro del purismo, como muchos le llaman. Desde niño aprendí a escuchar conversaciones sobre sangre, genealogías, reproductores, yeguas, campeonatos y crianza responsable. Mientras otros descubrían este mundo ya de adultos, yo crecí viéndolo como parte de mi hogar.
Mis padres fueron criadores y propietarios de caballos de Paso Fino de extraordinaria calidad, muchos de ellos campeones. Pero su aportación no terminó en los criaderos. También dedicaron años de su vida a dirigir entidades bona fide relacionadas con nuestra raza, trabajando con compromiso y dejando una huella que todavía forma parte de la historia del Paso Fino puertorriqueño.
Con el paso del tiempo, algunos han intentado minimizar ese legado. Otros simplemente han preferido olvidarlo.
Pero los legados no desaparecen porque alguien deje de mencionarlos.
Los legados permanecen.
Están escritos en la historia, en la memoria de quienes los vivieron y en el respeto de quienes conocen la verdad.
Precisamente por esa historia, siento no solo el derecho, sino también el deber moral de levantar la voz cuando veo que el futuro de nuestra raza enfrenta desafíos importantes.
No escribo estas líneas para atacar a nadie. No busco protagonismo. No represento intereses particulares. Escribo porque amo profundamente al caballo de Paso Fino. Porque crecí admirándolo. Porque conozco lo que representa para Puerto Rico y porque me niego a permanecer en silencio mientras enfrentamos retos que requieren unidad, visión y compromiso.
No es motivo de orgullo que se hable de riesgos para el futuro de nuestra raza. Es motivo de preocupación.
Y cuando algo que forma parte de nuestra identidad está en riesgo, el silencio deja de ser prudencia para convertirse en indiferencia.
Todavía estamos a tiempo. Todavía podemos cambiar el rumbo.
Todavía podemos lograr que las próximas generaciones sientan el mismo orgullo que nosotros sentimos cuando vemos un gran ejemplar recorrer una pista con elegancia, fuerza y nobleza.
Pero el tiempo no espera.
Cada año que pasa sin atraer nuevos jóvenes, sin fortalecer la crianza responsable, sin respaldar a quienes trabajan por esta industria y sin actuar con una visión compartida, es un año que no volverá.
El Paso Fino no nos pertenece únicamente a quienes hoy lo disfrutamos. Lo tenemos prestado de quienes lo construyeron y estamos obligados a entregarlo fortalecido a quienes vendrán después de nosotros.
Esa es la verdadera responsabilidad de nuestra generación.
Y si este artículo logra incomodar a algunos, hacer reflexionar a otros y despertar el compromiso de muchos más, entonces habrá cumplido su propósito.
Porque el mayor acto de amor hacia el Caballo de Paso Fino no es aplaudir su grandeza… es trabajar todos los días para garantizar que nunca desaparezca.
El caballo de Paso Fino no necesita discursos.
Necesita acciones.
Necesita que entendamos que proteger este patrimonio no es tarea de unos pocos, sino una responsabilidad compartida.
Porque cuando defendemos al Paso Fino… Defendemos nuestra historia.Defendemos nuestra cultura. Defendemos una parte de lo que significa ser puertorriqueños.
Que nunca llegue el día en que tengamos que explicarles a nuestros hijos y nietos cómo era el caballo que un día representó el orgullo de Puerto Rico. Que puedan verlo, admirarlo y continuar escribiendo su historia. Ese es el verdadero compromiso que debemos asumir hoy.