09/08/2026
Vengo de una familia de tradición italiana, los domingos de pastas y reunión familiar eran un clásico de mi infancia, la oportunidad de juntarnos con tíos, primos y abuelos.
Mis abuelos fueron unos de los tantos inmigrantes italianos que vinieron de Europa hacia América huyendo de la guerra y sus consecuencias. Bartolo y Angelina.
La semana pasaba en mí, como una sucesión de días en espera del domingo, donde me encontraría con las pastas preparadas por mis abuelos. Los dos funcionaban como una sociedad y se repartían las tareas culinarias compitiendo entre ellos por la gloria que significaba la mesa llena de comida.
Angelina mi abuela, no era una experta cocinera, tenía sus caballitos de batalla infaltables e imbatibles. Lasagnas repletas de carne, verdura y salsa de tomate, pollo a la portuguesa, papas al horno con crocante de parmesano, alcauciles rellenos con queso crocante, zuccini rellenos de carne molida.
Angelina nunca fue una buena repostera, la pasteleria nunca fue su fuerte, pero sus únicos orgullos dulces eran dos: buñuelos rellenos de mermelada y cannoli sicilianos.
Hace más de quince años que mi vieja Anglina partío. Nunca más volví a sentir el olor de su salsa de los domingos, la lasagña nunca más volvio a ser la misma, y mis papas con crocante de parmesano no se igualarán a las de ella jamás.
En honor a mi vieja querida les dejo la receta de los Cannoli sicilianos