18/08/2026
Que felices éramos en la cocina de la abuela y no lo sabíamos…
Mi abuela se llamaba Carmen🤍
Y fue quien me enseñó todo lo que sé.
Y con los años entendí que ella no solo nos alimentaba.
Nos cuidaba. Nos esperaba. Nos hacía sentir en casa.
Siempre había comida caliente cuando volvíamos, y alguna merienda rica después de la escuela. Había olor a algo recién hecho, charlas, risas y esa sensación de saber que, mientras estuviéramos ahí, todo estaba bien.
Su cocina era nuestro hogar.
Nuestro refugio.
Un lugar donde el amor se demostraba con las manos, con una olla al fuego, con un plato servido y con la pregunta de siempre: “¿Ya comiste?”
Hoy me dedico a la cocina y sé que mucho de lo que soy nació ahí.
De su pasión, de su manera de querer a los demás y de esa forma tan suya de hacer sentir especial a cualquiera que se sentara a su mesa.
Pero ella ya no está.
Y a veces extraño muchísimo esa cocina. El olor a hogar. Sus manos. Su presencia. Esa tranquilidad que tenía cuando era chica y que recién ahora, siendo adulta, puedo entender.
Porque la vida pasa demasiado rápido.
Y quizás esa es una de las cosas que más me hubiera gustado saber cuando era chica:
Que esos momentos simples no eran tan simples.
Que aquella merienda después de la escuela era un regalo.
Que esa comida caliente que me esperaba todos los días era amor.
Que esa cocina que parecía una cocina más, algún día iba a convertirse en uno de los lugares que más iba a extrañar.
Ojalá hubiera sabido entonces lo feliz que era.
Ojalá hubiera podido abrazarla y decirle:
“Abuela, algún día voy a extrañar todo esto.”
Hoy cocino también por ella.
Por su herencia. Por su pasión.
Y, sobre todo, por su manera de amar. 🤍
Gracias por enseñarme que cocinar también es una forma de decir “te quiero”.
Te extraño, Carmen.
Y qué felices fuimos en aquella cocina de la abuela… y no lo sabíamos✨