Vinoteca Corchos

Vinoteca Corchos Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Vinoteca Corchos, Tienda de vinos, cervezas y licores, 48 892 e/12 y 13, La Plata.

Les acercamos las mejor variedad de bodegas argentinas, como así también vinos de bodegas boutiques, whiskys importados, destilados y espumantes, brindándoles una atención personalizada y el conocimiento sobre los productos que ofrecemos.

03/08/2026

Orgánicos 🍷🍇

Fortunato había decidido, a los sesenta y ocho años, dedicarse a una sola causa: entender por qué su nieta, una chica de...
31/07/2026

Fortunato había decidido, a los sesenta y ocho años, dedicarse a una sola causa: entender por qué su nieta, una chica de veintidós años con aros en lugares insospechados, hablaba del vino orgánico con una fe que a él, en sesenta y ocho años, ninguna causa le había despertado.

—Abuelo —le decía Valentina—, no es una moda. Es una manera de escuchar la tierra sin gritarle.

Fortunato, que en su vida había escuchado poco y gritado bastante, se sintió interpelado. Así que una tarde de martes, día en que nada importante suele suceder en ninguna ciudad del mundo, entró por primera vez a Vinoteca Corchos, con la solemnidad de quien entra a una iglesia sin saber bien el rito.
Ahí conoció a un hombre que atendía como si cada botella fuera un pariente lejano de visita. Le habló de suelos vivos, de levaduras que trabajan sin apuro, de viñedos donde no se fumiga porque se prefiere convivir con el insecto antes que declararle la guerra. Fortunato escuchaba y asentía, aunque en el fondo pensaba que toda esa poesía terminaba, como todo en la vida, en un líquido dentro de una copa.
Se llevó una botella. Esa noche, solo en su cocina, la abrió sin ceremonia, como quien abre una carta que llegó tarde. El primer trago no le dijo nada extraordinario. Pero el segundo, no sabe por qué, le trajo el recuerdo de la quinta de su padre, de la tierra después de la lluvia, de una infancia que creía perdida entre facturas y jubilaciones.
Llamó a Valentina.

—Che —le dijo—, creo que entendí algo. No sé bien qué, pero lo entendí.

Y colgó, satisfecho, como quien ha descubierto que la sabiduría, a veces, cabe entera en una copa de vino orgánico comprado un martes cualquiera en Corchos. 🍷🍷

Este finde se juega fuerte: Final del Mundo el domingo y Día del Amigo el lunes. Un combo hermoso pero peligroso para el...
17/07/2026

Este finde se juega fuerte: Final del Mundo el domingo y Día del Amigo el lunes. Un combo hermoso pero peligroso para el corazón y el hígado. Por eso, la escala técnica obligatoria antes de que ruede la pelota es en Corchos.
El asunto es simple: en todo grupo de amigos y familia hay tantas personalidades como variedades de uva, y para que la juntada sea un éxito, tenés que saber escanear la fauna de tu mesa. Anotá este manual de supervivencia:

🍷Para el manija que se come las uñas desde el mediodía: Un Malbec joven y frutado. Necesitamos algo amable, dócil, que le baje las revoluciones al pecho y le devuelva el alma al cuerpo antes del entretiempo. Un tinto que no fatigue, porque este pibe tiene que llegar vivo al lunes.
🍷 Para el estratega que le da indicaciones a la pantalla: Un Cabernet Sauvignon con paso por madera. Un vino con estructura, cuerpo y carácter, ideal para aguantar los comentarios del que se cree Guardiola pero nunca pasó de la canchita de fútbol 5 de la esquina.
🍷Para el optimista que quiere brindar antes de que empiece el partido: Un Syrah intenso. El vino para el festejo anticipado, para el que confía ciegamente y te dice «ya está cocinado, muchachos». El Syrah es puro vértigo; si vas a pecar de ansioso, hacelo con una copa con fuerza.
🍷Para el que no le importa el fútbol y va solo por la picada: Un Blend o un buen Bonarda. Este amigo va al disfrute puro, a la charla de bueyes perdidos y a robarse las mejores rodajas de salame. Necesita un vino generoso y versátil que rinda para las tres horas de sobremesa.
🍷Para el amigo de fierro, el que se queda a lavar los platos: Un Cabernet Franc reserva. A ese tipo no lo podés despedir con un vino del montón. Al que te banca en las malas y te cuida la espalda en las buenas, se le sirve lo mejor de la cava. Una joyita para paladear despacio mientras arreglan el mundo.
Ya los tenés radiografiados, ahora solo te falta la materia prima. Pasate por Corchos y armate el combo a la medida. Porque pase lo que pase en los noventa minutos, la copa con los de siempre se levanta igual. ¡Salud!

16/07/2026

Y ahora, cuando la tarde de su carrera empieza a tirar sombras largas, cuando el cuerpo ya no responde a la velocidad del rayo sino a la de la pura sabiduría, el destino se pone poético.
Messi ya no corre: decanta. Hay una paciencia de viñedo viejo en su caminar, el misterio de esos líquidos nobles que cambian la potencia del primer trago, ese que se queda a vivir en la memoria. España le ofreció la copa de cristal templado y la prolijidad de la bodega; pero la savia que empuja desde la raíz, esa resaca dulce y rebelde que entibia el pecho, viene de una cepa nuestra, parida entre el barro y el viento.
Imaginen el escenario. La final del mundo. De un lado, España: la patria adoptiva, la que lo formó, le dio el fútbol de salón, orden y sustento; el lugar donde se hizo hombre y rey. Del otro, la celeste y blanca: la que eligió con el estómago, la que defendió contra viento, marea y la saña de los mediocres.
Un partido así no es un simple cruce de noventa minutos. Es el viaje del héroe volviendo al punto de partida para enfrentarse a su reflejo en el espejo. Es descorchar ese secreto guardado celosamente, sabiendo que el primer sorbo nos va a devolver, intacto, el sabor de todo lo que fuimos.
El domingo el tiempo deja de ser lineal: se vuelve un anillo. En cada gambeta va a estar el fantasma del pibe de medias caídas en Barcelona, pero también el que lloraba en el vestuario de la selección porque la gloria le era esquiva.
Los escépticos dirán que es una exageración de los que buscamos poesía donde solo hay veintidós hombres corriendo detrás de un cuero. Pero los que alguna vez pateamos contra un portón de chapa bajo la luz de un farol, sabemos que el fútbol verdadero tiene memoria de elefante.
Cuando suene el silbato final y el ruido del mundo se apague, el genio mirará al cielo. No habrá más cuentas que cobrarle al destino. El viejo rey, madurado en roble fino, cerrará los ojos para encontrarse con el pibe de Rosario que jugaba por el simple placer de no perder la pelota. Y en ese abrazo invisible se ofrecerá la copa más sagrada de todas: el brindis del que nunca se olvidó el sabor del potrero 🍷🩵🇦🇷

16/07/2026

🍷🇦🇷🩵🤍🩵

15/07/2026

A BRINDAR POR UNA NUEVA FINAL!!! VAMOS ARGENTINA!!!!! 🍷🇦🇷🇦🇷🇦🇷🩵🤍🩵

14/07/2026

El reloj de la pared apura las cuatro de la tarde de este miércoles eterno. Faltan minutos para que arranque Argentina e Inglaterra, y la casa es un templo de silencio y nervios. En lugar de encender la tele, bajé al sótano buscando un refugio contra la ansiedad. Entre cajas de herramientas y polvo, encontré un fantasma: una botella de Malbec envuelta en un diario viejo de junio de 1986. Al moverla, cayó un sobre amarillento con la caligrafía inconfundible de mi viejo.
La carta tenía una fecha: 22 de junio de 1986. Mi viejo la había escrito unas horas antes de que Maradona inventara la mano de Dios y el gol del siglo.
“Hijo”, leía, mientras la luz tenue me iluminaba las manos, “si estás leyendo esto, seguro pasaron los años y quizás ya no estoy para sentarme al lado tuyo en el sillón. Te dejo esta botella. El fútbol, como el buen vino, necesita tiempo para entenderse. No lo tomes con bronca, tomalo con memoria. Guardé este tinto para que lo abras el día que necesites coraje, o cuando sientas que la mano viene difícil y te falte un abrazo. Disfrutá el juego. Te quiere, tu viejo”.
Se me congeló el pecho. El viejo no sabía que hoy volvíamos a jugar contra ellos; no era adivino. Pero el destino, que es un tipo con cancha, me había bajado al sótano en el momento exacto.
Subí las escaleras a los tropezones, cargando la reliquia. En la pantalla, las banderas celestes y blancas eran un mar. Apoyé el vino en la mesa y clavé el sacacorchos con manos temblorosas. El "ploc" seco liberó un aroma a ciruelas y nostalgia que inundó el living.
Serví el primer copón, un rubí espeso, justo cuando el delantero acomodó la pelota en el círculo central. Llevé la copa a los labios.
Este miércoles jugamos contra la Historia, esa señora que a veces, cuando el viento sopla para nuestro lado, nos devuelve algo de lo que nos debe con una mano que no debió tocar la pelota, o con un pibe que agarra la diez y reescribe el destino.
Sentí el abrazo de mi viejo en el primer trago. El árbitro se llevó el silbato a la boca.

09/07/2026

🇦🇷🩵🤍🩵🍷

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