02/07/2026
izás te preguntes una cosa: ¿quedaron contentos los comensales?
Ellos no sabían absolutamente nada de lo que iban a comer. Durante toda la preparación evitaron entrar a la cocina. Mientras miraban el partido entre Estados Unidos y Paraguay, yo les preparé un Fernet con Coca y un gin tonic de frutos rojos.
Cuando llegué, él estaba vestido de entrecasa. Ella todavía no había llegado. Al rato desaparecieron unos minutos y volvieron completamente transformados.
Ella llevaba un vestido elegante, de un tono que rondaba el rojo, con zapatos de vestir. Él parecía un auténtico caballero inglés: traje impecable, zapatos lustrados y un perfume importado que llenaba el ambiente. Los dos olían increíble.
Me sorprendieron.
Él sonrió y dijo: —Una cena especial merece que nos vistamos para la ocasión.
Y ahí entendí que esa noche no se trataba solo de cocinar.
Mientras servía los platos, los escuchaba hacer ese "mmm..." involuntario que sale cuando algo realmente gusta. Charlaban, brindaban y disfrutaban de la comodidad de su propia casa. No tuvieron que salir, no tuvieron que cocinar ni limpiar después. Podían servirse otra copa de vino o prepararse otro trago sin preocuparse por manejar. Del comedor a la habitación no había controles de alcoholemia; solo una escalera.
Después del postre, guardé mis cosas y me fui. El partido ya había terminado: Estados Unidos había ganado 4 a 1 a Paraguay.
Al día siguiente recibí un mensaje:
Hola, papucho.
¡Riquísimo todo!
¡Tremenda noche!
Fue un placer cocinar para ellos.