11/05/2026
PORONGHINI.
Hemos recibido en nuestro correo de lectores este mensaje de una tía orgullosa y, siempre dispuestos a subirnos al éxito ajeno (en especial, cuando tiene la forma de un auto de lujo), estamos en condiciones de proclamar que LAMBORGHINI TIENE PORONGO, afirmación que bien podría abreviarse mediante el simpático apócope “Poronghini”.
Dicho esto, quisiéramos aprovechar este espacio (que, después de todo, es nuestro espacio, así que podemos decir lo que se nos canta siempre y cuando no infrinja las reglas de Instagram, que por cierto son más duras que empanada de tuerca) para invitar a nuestra clientela a compartir Porongo con su parentela y compañeros de trabajo.
Imagínese: usted cae a la oficina con un paquete de Porongo. Comentario jocoso por allí, matecito por allá, enseguida se convierte en el centro de atención y, cuando menos se lo espera, lo tiene al Jefe de Compras sorbiendo de su mate, a punto de caramelo para manguearle un teclado nuevo, merecidamente ganado a base de Porongo, sudor y lágrimas de yacaré. Piénselo.