03/08/2026
Mi amor por el matcha nunca fue por moda.
Me enamoré mucho antes de que Bida existiera.
Me enamoré de su aroma, de la paciencia que exige para prepararlo y de ese verde intenso que solo aparece cuando el té ha sido cultivado y procesado con el cuidado que merece.
Con el tiempo, y después de probar matcha en muchos lugares, aprendí a reconocer uno bueno.
No por su precio.
No por su empaque.
Sino por su color.
Un verde vivo, brillante y profundo.
Nunca opaco.
Nunca apagado.
Por eso, cuando nació Bida, tenía algo muy claro: el matcha de nuestras bebidas tenía que ser uno que yo misma eligiera volver a tomar una y otra vez.
Porque antes de existir una idea…
Antes de existir un logo…
Antes de existir Bida…
Ya existía mi amor por el té. 🍃