La Historia y Filosofía:
Tajungapul (Juntapulga dicho al revés) nació en 2012, producto de la inquietud de Roberto Carluccio por hacer vino. Roberto nació en Buenos Aires, proviene de la industria farmacéutica y fue desde siempre un gran entusiasta del vino. Abrigó durante años la idea de hacer su propio vino, y fue en 2012 cuando decidió poner en acción su proyecto. Luego de investigar diferentes regiones y de analizar diversos perfiles, dibujó lo que sería la columna vertebral de su proyecto. Su búsqueda se orientó a elaborar vinos honestos, fáciles de beber y sobre todo, que mostraran una dadivosa relación precio / calidad. El objetivo: acercar al consumidor joven y curioso, sugerir al consumidor experimentado una alternativa
descontracturada de disfrute, dejando a un lado la formalidad de la degustación técnica, fichas de cata, y racionalización del acto de compartir el vino. La propuesta es volver a lo simple, apreciar el vino desde los sentidos, las situaciones y la compañía, en lugar de hacerlo exclusivamente desde el intelecto. Desde esta perspectiva se definió el acento de la comunicación, que está dada por la voz de Tajungapul que representa al proyecto, en lugar de dar protagonismo a la información técnica. Tajungapul es un proyecto sin bodegas ni viñedos propios,
siguiendo el concepto que su nombre sugiere: un Junta Pulga
no tiene dueño ni casa, no se sabe de dónde viene o cuál es su
raza, y realmente eso no es relevante. Con ese criterio no se
revelan los blends de ciertas líneas, el origen de las uvas, o el
nombre de los enólogos que lo elaboran. A medida que se
avanza en las líneas de Tajungapul se descubren de a poco
algunos datos, siempre recordando que lo importante de la
experiencia es la “adopción” del Tajungapul disfrutado.