A través de un trabajo etnográfico, de interacción directa con siete comunidades Indígenas del sur de Colombia ( Guambianos-Cauca, Quillasinga-Nariño, Pastos-Nariño, Cofan-medio Putumayo, Inga y Kamentsa-Valle de Sibundoy Alto Putumayo, Yanakuna-Huila), compartiendo día tras día durante ocho meses sus tradiciones, usos y costumbres , hemos logrado acercarnos al entendimiento de la concepción que
tienen de alimento. El alimento para ellos detenta los mismos principios estructurales que les permite entender a su territorio como una entidad dotada de una existencia que trasciende la simple entidad física geográfica, y que a muy temprana edad cuando su madre biológica deja de amamantarlos su interacción constante con la tierra, les permite comenzar a verla como su nueva madre, madre que los alimenta los cuida y protege. Esta interacción profunda determina las diferentes costumbres que se presentan incluso mucho antes de que los alimentos existan en este mundo material. Primero es necesario alimentar la tierra de las chagras donde serán sembradas las semillas, aquí se ofrenda a la Madre-tierra, se le entregan presentes, oraciones, música y cuidados. Posteriormente vendrá el instante de la siembra, ceremonizando el momento en medio de cantos, danzas, instrumentos musicales, se genera una atmosfera de armonía entre toda la comunidad y el lugar donde se está sembrando. Al pasar los días del periodo de tiempo comprendido entre la siembra y la recogida de los frutos, existe una concentración constante y un continuo de cuidados y atención (deshierbe, podas, control de malezas y plagas), para que aquello que viene en camino desde ese mundo espiritual, reciba toda la energía y logre tener una adecuada transición hacia esta dimensión material. El día de la cosecha es tal vez la oportunidad más clara para entender el significado de todo este proceso, aquí el ritual se da a través de una gran fiesta en donde entre todos se recoge este nuevo ser “el alimento”, que ha llegado para entregar su existencia y permitir que la comunidad pueda obtener su continuidad. De esta manera podemos entender que el alimento es concebido como una entidad que también trasciende el plano físico material, que posee un espíritu propio con el cual se debe tener una interacción constante, para que a su vez en el momento de entrar en comunión con él, el ser humano logre alimentar igualmente su espíritu y por consiguiente su dimensión física corporal. Como resultado de esta investigación “Ancestral” busca ser un Gestor de Alimento Consiente, que rescate y transmita estas tradiciones, para entregar a las personas interesadas un bienestar físico y espiritual.