03/05/2026
Hay palabras que parecen pequeñas hasta que te toca habitarlas.
Desde el 3 de abril, yo también soy madre. Y, sin embargo, cuando la digo en voz baja, cuando la pienso de verdad, siento que aún me queda inmensa. Como si no me cupiera del todo en la boca, como si todavía estuviera aprendiendo a pronunciarla.
Porque entonces me comparo con ella.
Con todo lo que ha sido, con todo lo que sigue siendo.
Y la palabra, la misma palabra, cambia de tamaño. Se ensancha, se eleva, se vuelve casi inalcanzable.
Ser madre, ahora lo entiendo, no era solo cuidar, ni estar, ni querer. Era sostener el mundo sin hacer ruido. Era anticiparse, ceder, permanecer. Era hacerlo fácil para otros, aunque por dentro todo fuera más difícil de lo que parecía.
Y yo sigo siendo escándalo puro, tirando el móvil de la mesita en cada toma nocturna y despertando a todo el vecindario, por poner solo un ejemplo. Aprendiendo sobre la marcha, midiendo mal los silencios, equivocándome en lo pequeño mientras intento acertar en lo importante.
Supongo que también se empieza así: sin saber, pero queriendo. Sin llegar, pero caminando.
Ojalá algún día esta palabra me quede menos grande.
Ojalá acercarme, aunque sea un poco, a su manera de sostenerlo todo.
Gracias, mamá. Siempre eres la hater más lover del mundo.
Gracias a todas las madres del mundo.
Esta foto preciosa nos la hizo otra madraza y sobre todo amiga, , la mejor para guardar recuerdos.