13/05/2026
Hay algo que me ronda desde hace tiempo…
¿Estamos malvendiendo nuestro patrimonio o simplemente no sabemos contarlo? 🍷
España es el viñedo del mundo, pero también su “low cost”. Una liquidación silenciosa de nuestros recursos naturales y de nuestra historia.
Quizá ha llegado el momento de dejar de vender “provincias” y empezar a hablar de terruños concretos.
Porque en realidad, lo que define un vino no es una línea en un mapa, sino el suelo y ese microclima irrepetible.
Durante décadas, parecía que el prestigio venía marcado por los meses en barrica, no por la expresión de la uva.
Hoy, el mercado premium parece buscar justo lo contrario: identidad, pureza, origen.
Si tenemos viñas viejas, tenemos historia viva. Si cultivamos en altitud, tenemos frescura natural.
Y ……. y mientras tanto, seguimos exportando granel.
Cada litro que sale sin nombre es una historia que dejamos que otro cuente.
Otro punto que no dejo de pensar: somos líderes en viñedo ecológico… y sin embargo lo comunicamos como si fuera un trámite. Cuando, en realidad, podría ser uno de nuestros mayores argumentos de valor.
El secano, la biodiversidad, la resiliencia frente al clima… todo eso es prácticamente imposible de replicar en otros lugares.
Quizá la clave esté en algo muy sencillo —y a la vez muy difícil—: premiumizar la autenticidad.
Necesitamos producir más orgullo.
Menos litros, más valor.
Y, sobre todo, contar mejor nuestra verdad.
Probemos en abandonar parcialmente:
* la obsesión por volumen,
* el complejo del “vino barato”,
* y la comunicación excesivamente técnica.
Pues a mi entender, el fúturo del vino no depende solo del líquido. Depende del significado que rodea al vino. Y como lo expliquemos. Hacerlo cotidiano, cercano y fácil.
Al final, la pregunta sigue abierta…
¿Vendes uva o vendes paisaje?
Si yo mandara….. otro gallo cantaría.