25/07/2026
Duele.
Duele ver avanzar el fuego. Y duele todavía más ver el silencio que deja cuando pasa.
Bosques, animales, casas, recuerdos… años de vida convertidos en ceniza en unas pocas horas.
Pero casi duele más la sensación de que volverá a ocurrir. Porque si no cambiamos nada, volverá a pasar.
Cada verano hablamos del cambio climático. Y sí, el cambio climático agrava los incendios, hace los veranos más largos, más secos y más extremos.
Pero el clima no prende fuego por sí solo.
Lo que alimenta incendios de esta intensidad tiene otro nombre: ABANDONO
Donde antes había pastores, agricultores, ganado, leña y campos cultivados, hoy hay miles de hectáreas de combustible acumulándose año tras año.
En este vídeo se ve una viña que ha actuado como un auténtico cortafuegos. No es casualidad.
Cada hectárea cultivada, cada rebaño que limpia el monte, cada persona que vive y trabaja en un pueblo es también una forma de prevención.
Sin gente no hay paisaje. Y sin paisaje gestionado, el monte acaba siendo una bomba de relojería.
Los que vivimos en los pueblos llevamos años diciéndolo:
No necesitamos más discursos ni ayudas cuando el monte ya está ardiendo.
Necesitamos políticas que hagan posible vivir del campo. Que faciliten gestionar el monte en lugar de multarte por ello. Que apoyen a quien lo cuida durante todo el año.
Porque los incendios no se apagan solo con más medios.
Los incendios se evitan manteniendo vivo el territorio.