02/09/2026
Estamos acostumbrados a entrar en lugares perfectamente armonizados,
combinados, orquestados. Espacios que hacen sentir bien nada más entrar. Pero,
pasado un tiempo, algunos pueden empezar a parecerse demasiado entre sí: muy producidos, llenos de cosas que dialogan perfectamente unas con otras… pero
con poca historia que contar.
Y no es que haya nada malo en lo anterior. Simplemente creemos que hay otra forma de construir un lugar. Aquí somos inquietos: hemos crecido, reformado, transformado y mejorado esta casa muchas veces. Pero intentamos que siga
pareciéndose a nosotros y a todo lo que ha pasado por aquí. Y por eso
prácticamente cada objeto que verás aquí…tiene una historia que contar.
Venimos de una familia de cuatro generaciones de cabreros. Antes teníamos más cabras y muchos de estos cencerros colgaban de ellas. Hoy cuelgan de nuestras paredes. Ya no cumplen la misma función, pero siguen formando parte de esta casa y de nuestra historia.
Durante décadas estas pleitas de esparto hicieron de molde para nuestros quesos. Cuando dejamos de poder utilizarlas y llegaron los moldes homologados, no
desaparecieron. Se quedaron en nuestras estanterías. A veces un objeto deja de servir para lo que servía, pero no por eso deja de tener sentido.
Estas antiguas cántaras transportaron leche de nuestras cabras. Cuando dejaron de hacerlo, se nos ocurrió mirarlas de otra manera. Hoy, en lugar de llevar leche, dan luz.
Lo mismo pasó con antiguos entremijos de madera, piezas ligadas durante años al trabajo del queso. Algunos acabaron reconvertidos en lámparas. Si nos conoces
bien sabes que nos gusta bastante eso de que las cosas puedan seguir formando parte de la casa aunque cambie su función.
Juan nunca tiene tiempo, pero siempre intenta sacarlo para uno de sus placeres
confesables y de las pocas cosas que le quita el estrés: hacer cosas de madera.
Muchas de las tablas con las que servimos el queso las ha ideado y hecho él. Un poco porque hacían falta. Y otro poco porque le encanta.
Esta mesa la hizo Juan hace pechá de años con sus amigos Julio, Alain y unos
cuantos más. Y ahí sigue. Ha visto pasar quesos, vinos, visitas, comidas,
conversaciones y no sabemos ya cuántas sobremesas. Es la gran protagonista de
nuestro porche.
Estas bandejitas las usamos para llevar los vasos de agua fresquita con
hierbabuena y limón o las tazas de hierba luisa con las que recibimos a quienes venís en verano o en invierno. Otra de esas pequeñas cosas que necesitábamos y que acabamos haciendo a nuestra manera.
Estos azulejos hidráulicos llegaron como muestras cuando empezábamos a
imaginar nuestra futura tienda-bar, Quesos y Cosas. En principio solo tenían que ayudarnos a decidir. Pero algunos se quedaron.
Y terminaron encontrando un uso que nadie había previsto: servir el requesón con mermelada, un trozo de queso o cualquier otra cosa que se nos ocurra. No fueron pensados como platos. Simplemente un día empezamos a usarlos así y funcionó.
En nuestras experiencias hay siempre de llevar pacá y pallá muchas copas para la
cata de queso y vino con la que solemos terminar. Podíamos comprar algo. O
podíamos inventárnoslo. Y así nació este portacopas.
También este jarrón de madera lo ha hecho Juan. Lo llenamos con flores secas de verano, cardos, romero silvestre, tomillo… cosas que recogemos alrededor y que
siempre nos ha gustado tener repartidas por aquí u por allí.
Y este servilletero nació por una razón muy práctica: necesitábamos uno para
servilletas pequeñitas y no encontrábamos ninguno que nos gustara. Así que Juan
hizo este y otros cuántos más en un tardecita de su “mindfulness” particular.
Nuestros espacios están decorados, claro. Pero no fueron “producidos” de una vez. Se han ido llenando de cosas que vienen de nuestra historia, de una
necesidad, de una idea o simplemente de no querer tirar algo que todavía podía tener otra vida. Objetos que tienen significado, al menos para nosotros, y que nos encanta compartir con todo el que pasa unas horas por esta casa.
Quizá muchos ni siquiera se recuerden conscientemente después. Pero nos gusta pensar que también ayudan a que Crestellina se quede un poquito en la memoria.