30/05/2025
Una moción de censura hay que trabajarla como hizo Pedro Sánchez hace siete años. La aritmética parlamentaria era otra y contó entonces con el inexplicable giro del PNV, que una semana antes le había aprobado los presupuestos a Mariano Rajoy. Para ello, los nacionalistas vascos argumentaron el hedor de la corrupción del Partido Popular tras la Sentencia de la Audiencia Nacional, luego rectificada por el Tribunal Supremo ante los excesos políticos del ponente contra el partido entonces de Gobierno
Ahora, el escenario es otro y la situación política también por cuanto el cúmulo de escándalos es descomunal e incomparable. Sucede además que el nivel de degradación del partido socialista es del tal calibre que, de seguir por la pendiente desaparecerán sus siglas como en Francia. Dos años más de desmanes sanchistas no habrá quien los soporte, y eso bien lo saben Page y Lambán, el tocapelotas y el hipócrita del Presidente.
Existe una solución que no por audaz sería posible pero que exige implicación de todos aquellos que tienen el convencimiento de la extrema gravedad del momento para la democracia española, atacada por el gobierno en todos los frentes posibles. Urdir operaciones para acabar con los jueces, fiscales y unidades de la guardia civil que luchan contra la corrupción es nauseabundo. Verse rodeado de turbios asuntos tanto a nivel personal como familiar implicaría dimitir pero Sánchez no piensa hacerlo.
La suma de los diputados en el Congreso entre PP y VOX alcanza los 170 y la de los diputados socialistas elegidos por Castilla La Mancha es de 8 escaños. Es decir, 178 votos que con la propuesta como candidato a Presidente del Gobierno de Emiliano García Page, permitiría a las fuerzas políticas constitucionalistas desbancar a quien nos ha llevado hasta aquí, desterrando toda su corrupción e impidiendo la ley de amnistía corrupta que el TC se apresta a respaldar. De esta forma, el PSOE evitaría su segura desaparición si Sánchez agota la presente legislatura y se podría erigir un gran
Pacto para la Concordia que recuperara el espíritu de 1978 esta vez sin el nacionalismo que tanto denostan Feijoo, Abascal y Page.
Esta operación solo exige un compromiso since