02/07/2014
Cuando algo se hace por gusto, por vocación y por amor a la tierra y a sus frutos el resultado solo puede ser uno. Estoy hablando de una bodega, “tal vez la más pequeña de Jumilla”, pero tal vez también, la más querida.
Se quiere hacer un buen vino, como todos, pero además por encima de todo. Es decir, quieren un buen vino sin condicionarlo a los beneficios. Su filosofía es hacer las cosas bien, porque es como entienden que se deben hacer.
Las cepas con más de cincuenta años, cultivadas en el clásico vaso de tres brazos, a las que se les nota su origen de “pie franco” o prefiloxérico. Hay en otras parcelas, al lado de ellas, cepas que dan unos sarmientos mucho más alargados, resultado del injerto en un pie robusto como el americano. Las cepas de pie franco dan, según nos cuenta Pedro, unos racimos de mejor estructura, en unas ramas más cortas y compactas, la planta tiene una raíz principal capaz de penetrar a una gran profundidad y extraer los minerales, que luego pasan a los vinos permitiendo obtener la máxima calidad. En Jumilla, la filoxera respetó bastantes cultivos de vid, debido a las condiciones del terreno, ya que los arenoso-calcáreos son inmunes a la filoxera, igual que los volcánicos, por lo que aún quedan bastantes “pie franco”, aunque se teme que poco a poco irán desapareciendo, por las reticencias al reemplazo de las que van muriendo. Aunque no veo la dificultad en volver a plantar pie franco, si el terreno parece que las protege.
También dispone la bodega de casi una hectárea de petit verdot, de la que todavía no se ha aprovechado ninguna cosecha, la uva se tira, a la espera de que la calidad mejore con la madurez de las plantas.
Las instalaciones de la bodega, que está ubicada a escasos metros de su propia vivienda, son de un aspecto impoluto. Los depósitos, que son pequeños, tiene mayor diámetro, 4 metros, que altura, para conseguir un mayor contacto del mosto con la pasta, y mediante el sangrado parcial de los depósitos, a las pocas horas de la maceración, así aumenta la relación entre pasta y mosto y se consigue incrementar la extracción de color (antocianos) y sabor y estructura (flavanoles).
De este sangrado se ha obtenido un rosado muy interesante.
Con tecnología adecuada y sentido común, se elabora hasta ahora un único tipo de vino. Un vino con cuatro meses de crianza en barricas de roble francés y americano, con algo más de 14 grados.
Se trata de un vino con mucho color, guinda oscuro con reflejos azulados, capa muy alta y una glicerina abundante que se muestra en la copa en forma de lágrimas semitransparentes. El aroma muy complejo, con predominio de la fruta madura y ligeras notas de crianza de la madera. En la boca, a pesar de su grado, se presenta suave, redondo, denso y pleno, con un posgusto largo y un aroma retronasal que vuelve a recordar a la fruta.