03/08/2026
El aceite de oliva es, sin lugar a dudas, el pilar fundamental y el alma de la Dieta Mediterránea. Reconocido mundialmente por sus innumerables beneficios para la salud cardiovascular, su exquisito sabor y su profundo arraigo cultural, hoy en día nos referimos a él con un merecido y universal título: el “oro líquido”.
Pero este inmenso valor no es una moda contemporánea. En la Antigüedad clásica, este preciado jugo de aceituna era verdaderamente comparable al metal más valioso y su uso iba muchísimo más allá de las cocinas. Para los antiguos griegos, el olivo tenía un origen divino, siendo el regalo con el que la diosa Atenea conquistó su ciudad. Su importancia era tal que en los prestigiosos Juegos Panatenaicos los vencedores no recibían medallas, sino enormes ánforas repletas de este tesoro sagrado.
Como muestra nuestra infografía, su versatilidad era asombrosa en el mundo antiguo. Los atletas olímpicos lo utilizaban para untar y proteger sus cuerpos del sol y de las abrasiones; la medicina y la cosmética lo empleaban como base para curar heridas o elaborar perfumes; y era el combustible vital que iluminaba las lámparas durante las oscuras noches mediterráneas.
Como anécdota literaria fascinante asociada a su valor, a menudo leerás que fue el mismísimo poeta Homero quien lo bautizó como “oro líquido” en la Odisea. Sin embargo, ¡es un mito! La confusión nació de las traducciones modernas. En el texto original, Homero simplemente describía a la princesa Nausícaa llevando “líquido aceite” dentro de un “recipiente de oro”. Fueron las traducciones modernas quienes posteriormente fusionaron astutamente ambas palabras.
Tenga el origen que tenga la famosa metáfora, lo cierto es que miles de años después sigue siendo nuestro mayor tesoro culinario.