La historia de la familia Moure, una de las estirpes de bodegueros de más tradición de la Ribeira Sacra, comienza a escribirse cien años atrás, con Baldomero Moure rehabilitando unas viejas viñas familiares en A Cova. La tradición vitivinícola estaba prácticamente perdida en la zona por la combinación fatal que la filoxera y la emigración habían causado, acabando la primera con la población de vid
es, y la segunda con la de manos que las trabajasen. Cien años después, gracias a la dedicación y el esfuerzo de cuatro generaciones, aquellos viñedos semiabandonados situados en el meandro más emblemático de los cañones del Miño, O Cabo do Mundo, fueron recuperando el esplendor que desprendían siglos atrás hasta convertirse en una de las bodegas más prestigiosas de la Ribeira Sacra. Cien años con sus cien vendimias y sus cien cosechas en los que hemos aprendido que no se trata de hacer vinos, si no de saber qué vino le gustaría dar a cada trozo de tierra. Y que, sobre todo, nos han permitido atesorar el legado más valioso que puede recibir un bodeguero: los conocimientos que otorga la experiencia. Sólo conociendo las virtudes y los defectos de cada uno de nuestros suelos, experimentando con variedades nuevas y perfeccionando las técnicas de cultivo y control de plagas, se puede sacar el mayor partido de estas viñas. Y sólo con la perspectiva que da la experiencia se puede decidir con criterio qué innovaciones incorporar y cuáles desestimar, para que las elaboraciones de nuestros vinos y destilados sean cada vez más refinadas y más ajustadas a las cualidades de la uva. Esas primeras viñas recuperadas por Baldomero fueron la base sobre la que años más tarde su hijo y su nuera, José Moure y Ana Vázquez, construirían Adegas Moure. Corría el año 1958 y les tocó el papel de pioneros: faltaban todavía cuarenta años para que la Denominación de Origen Ribeira Sacra fuese registrada oficialmente. Tras esa difícil pero feliz y productiva etapa, las riendas de la bodega pasaron a José Manuel Moure y Evaristo Rodríguez, hijo y yerno, respectivamente, de José y Ana. A ellos les tocó vivir el despegue de la Ribeira Sacra como zona vitivinícola. El reconocimiento oficial facilitó la comercialización y la repercusión y valoración de los vinos de esta zona fueron creciendo paulatinamente. Durante esos años Manuel y Evaristo dieron visibilidad al trabajo que sus progenitores habían realizado en las décadas anteriores y Abadía da Cova – Adegas Moure alcanzó reconocimiento regional, nacional e internacional, llevando esta pequeña bodega familiar a las salas de cata más prestigiosas del mundo. Los más de doscientos premios nacionales e internacionales otorgados a nuestros vinos y licores durante estos años son fruto de la experiencia, la evolución y la pasión por el vino. Una pasión que sigue tan viva como hace cien años en José, Paloma y Adrián, los encargados de recoger la tradición familiar y escribir el futuro de Abadía da Cova – Adegas Moure.