07/09/2026
Hoy nos vamos de noche por la Plasencia de los años 80.
Vamos a recordar uno de aquellos pubs que marcaron una época y que todavía vive en la memoria de mucha gente: EL LAYRON’S.
Seguro que más de uno entró allí, tomó una copa, escuchó música o vivió alguna noche difícil de olvidar. Y quizá entre todos podamos completar la historia.
EL LAYRON’S PUB — PLASENCIA
Hubo un tiempo en Plasencia en que la noche tenía otros nombres.
Nombres que hoy, al pronunciarlos, hacen que a más de uno se le escape una sonrisa y se quede unos segundos mirando atrás.
Uno de aquellos nombres fue LAYRON’S PUB.
Estamos en los primeros años de la década de los 80.
Plasencia empezaba a descubrir una forma distinta de salir por la noche. Los bares de siempre continuaban llenando las calles, pero comenzaban a aparecer aquellos pubs con luces más tenues, música diferente, copas largas y una manera nueva de entender las madrugadas.
Y entre ellos estaba el Layron’s.
No hablamos únicamente de un nombre conservado por la memoria de quienes salían entonces. Existe un recuerdo escrito especialmente interesante: el escritor placentino Álvaro Valverde, hablando de aquellos primeros años ochenta, recordó una noche que terminó precisamente en el Layron’s.
Y lo definió con unas palabras que dicen muchísimo:
“Un pub de moda”.
Eso significa que el Layron’s no era simplemente un bar más.
Era uno de aquellos lugares a los que había que ir.
Uno de esos establecimientos cuyo nombre circulaba entre las pandillas:
—¿Dónde vamos después?
—Al Layron’s.
Y seguramente con aquella frase ya estaba decidido cómo iba a terminar la noche.
Podemos imaginar aquella Plasencia de los ochenta.
Calles mucho más tranquilas que las actuales.
Pandillas caminando de un local a otro.
Vaqueros, cazadoras, camisas abiertas, melenas, bigotes y aquellos peinados imposibles que hoy nos hacen sonreír cuando aparecen en una fotografía.
Dentro, humo de tabaco flotando bajo las luces.
El sonido de los hielos chocando dentro de los vasos.
Las conversaciones casi gritadas para poder escuchar al que tenías enfrente.
Y música.
Mucha música.
Porque aquellos pubs eran también pequeños templos musicales.
Sonaban canciones que hoy escuchamos y automáticamente nos transportan cuarenta años atrás.
Y mientras sonaba la música, algunos hablaban apoyados en la barra, otros buscaban una mesa y otros simplemente esperaban que apareciera aquella persona que llevaban toda la noche intentando encontrar.
El Layron’s debió formar parte de aquel pequeño mapa nocturno que los jóvenes placentinos conocían perfectamente.
Una ruta invisible que no aparecía en ningún plano de la ciudad, pero que todos sabían recorrer.
Un bar.
Después otro.
Y después…
el Layron’s.
Además, ha sobrevivido hasta nuestros días una pequeña pieza que confirma físicamente aquel establecimiento:
un antiguo posavasos de LAYRON’S PUB — PLASENCIA.
En él aparece una carabela, la Santa María.
Una pieza sencilla, de aquellas que entonces terminaban mojadas debajo de un vaso y que nadie pensaba guardar.
Pero qué curioso es el tiempo.
Aquello que entonces no valía prácticamente nada hoy puede convertirse en una pequeña cápsula de memoria.
Porque basta leer aquellas letras:
LAYRON’S PUB — PLASENCIA
para que alguien diga:
—¡Coño, claro que me acuerdo!
Y entonces empiezan a salir los recuerdos.
Quién estaba detrás de la barra.
Quién ponía la música.
Dónde estaba exactamente.
Con quién íbamos.
Qué bebíamos.
Quién se echó allí la primera novia.
Quién tuvo aquella discusión que todavía se recuerda cuarenta años después.
Y quién dijo aquello de:
—Una más y nos vamos.
Cuando todos sabemos que aquella nunca era la última.
Todavía quedan cosas importantes por descubrir del Layron’s.
Su dirección exacta.
Quiénes fueron sus propietarios.
Quién trabajaba detrás de aquella barra.
Si tuvo DJ habituales.
En qué año abrió.
Cuándo cerró.
Y qué establecimiento ocupó posteriormente aquel mismo local.
Pero hay algo que ya podemos afirmar.
El Layron’s formó parte de aquella Plasencia nocturna de los primeros años ochenta.
De una ciudad más pequeña donde casi todos terminaban encontrándose.
Cuando no existían móviles.
Cuando nadie mandaba un mensaje diciendo dónde estaba.
Si querías encontrar a los amigos…
tenías que salir a buscarlos.
Y probablemente alguien terminaba diciendo:
—Mira en el Layron’s, que seguro que están allí.
Hoy quizá ya no quede el ruido de aquella barra.
Ni el humo.
Ni aquellas canciones sonando de madrugada.
Pero mientras alguien recuerde haber cruzado su puerta…
el Layron’s seguirá abierto en algún rincón de la memoria de Plasencia.
Y ahora os toca a vosotros.
¿Quién estuvo en el Layron’s?
¿Dónde estaba exactamente?
¿Quién era el propietario?
¿Recordáis camareros, DJ, porteros o gente habitual?
¿Hasta qué año estuvo abierto?
¿Y qué local hubo después?
Entre todos podemos reconstruir una historia que todavía está escondida en los recuerdos de toda una generación.