13/06/2026
En casa ya hace tiempo que no compramos embutidos (ni carne ni pescado, a menos que no sea por trabajo), pero entre todos yo tengo una debilidad por el salchichón. Pobre salchichón, que en España es embutido de segunda, siempre detrás del chorizo -con honrosas excepciones, como el salchichón de Vic, y el fuet (que me diréis que no es salchichón, pero yo lo meto en esa familia).
Y mirando las etiquetas está la cosa como para daros la razón, porque el chorizo suele tener un listado de ingredientes razonables, es decir que más allá de carne, grasa, pimentón, ajo, y especias variadas como mucho tiene algún nitrito o nitrato como conservantes, que acepto porque prefiero un poco de conservantes al botulino. Además, son alimentos que no habría que comer en grandes cantidades de todas formas.
Pero el salchichón, ay virgen santa, las etiquetas de los salchichones son un poema. Y da igual que sea ibérico, eh, o que cueste 30€ el kilo. El 90% de los salchichones llevan soja y proteínas de la leche, que se añaden como aditivos para mejorar la textura, acelerar la maduración o abaratar el coste. Es decir no estamos hablando de cuidar de mi salud y evitar una intoxicación, hablamos de mantener el salchichon más blando, que se haga más rápido o con menos carne tener más peso. Estamos hablando de dinero (el que me gasto yo y que gana el productor). Verás, esto ya me gusta menos.
Ahora te s**o el ejemplo de Italia pero no es por hacer la campanilista, que yo ya no sé cuál es mi campanario, es sencillamente la otra realidad que conozco. No sé bien por qué pero allí incluso en salame ya loncheado no es común encontrar ingredientes de este tipo. La soja creo que no está permitida, la proteínas de la leche sí en algunos casos pero no son comunes.
Esto no convierte automáticamente a todo salame italiano en un producto mejor, ni a todo salchichón español en uno malo. Pero cuando una categoría tradicional empieza a depender de proteínas añadidas para tener cuerpo, jugosidad o precio competitivo, algo de su lógica original se ha desplazado del oficio al rendimiento.