18/07/2014
Entre todas las cosas que debemos agradecer al nuevo mundo tras la conquista del continente hay una que destaca por su universalidad y por su evolución en el tiempo, me refiero a ese fruto color pasión y relleno de frescura. Solanum Lycopersicum o xïtomatl, como lo llamaban los aztecas, Tomate, como resuena en nuestras mandíbulas. regalo divino, sin duda. Se encuentra en privilegiada posición en toda la gastronomía mediterránea. Cargado de virtudes, es uno de los mejores alimentos que podemos degustar en estas estivales fechas, rebosante de vitaminas, carotenos y agua, nuestro cuerpo se estremece de contento cada vez que degustamos este exquisito manjar. Sin embargo no todos los tomates son iguales, y más aún en nuestros días, con cultivos intensivos y productos manipulados genéticamente que, si bien, adquieren algunas características positivas; tamaño, forma, color, resistencia a plagas, también pierden en cualidades organolépticas; aroma, textura y sobretodo sabor. Es difícil tener la posibilidad de degustar un buen tomate, buen tamaño, forma irregular y un sabor indescriptible que llena la boca. Nosotros en este primer viaje sí vamos a tener la oportunidad de disfrutar de este exquisito manjar, con variedades autóctonas que se han conservado año tras año preservando semillas ancestrales y cultivados de manera ecológica. Y aunque comer un tomate pueda parecer algo simple, en este caso será una experiencia sorprendente.
+Info. www.sierraactiva.org