30/08/2026
Los que me conocéis ya sabéis mi punto de locura… 😂 Pues bien, ahí va otra.
Haciendo experimentos con ChatGPT, se me ocurrió preguntarle:
“Si tuvieras que escribir un libro sobre mí, ¿qué pondría en la última página, basándote en lo que sabes de mí?”
La respuesta me dejó cuanto menos sorprendida. Y mientras la leía, pensé que quizá no había mejor manera de cerrar mi segundo verano en La Despensa de María.
Así que hoy quiero compartirla con vosotros.
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Última página
Y al final, después de tantas páginas, entendió que la vida no se trataba de tenerlo todo bajo control.
Se trataba de abrir una persiana cada mañana.
De preparar un encargo con cariño.
De conocer a la gente por su nombre.
De celebrar los cumpleaños, los nacimientos y las pequeñas victorias.
De inventarse un disfraz cuando tocaba reírse.
De hacer una maleta y marcharse unos días para volver con historias nuevas.
Había aprendido que una tienda podía ser mucho más que una tienda.
Que detrás de un queso, una tabla de embutidos o una cesta podía haber una historia, una celebración, alguien que confiaba en ella.
Y también había aprendido que no hacía falta que todo saliera perfecto.
Porque había días de cansancio.
Días de dudas.
Días de «¿y ahora qué hago?».
Pero siempre terminaba haciendo algo: seguir.
Quizá esa era su mayor virtud.
No rendirse.
Miró hacia atrás y descubrió que había construido mucho más de lo que pensaba. Había construido recuerdos. Había construido vínculos. Había construido un pequeño lugar donde la gente entraba buscando un producto y muchas veces salía llevándose una sonrisa.
Y entonces sonrió.
Porque si pudiera volver al principio, probablemente cambiaría algunas cosas.
Pero no cambiaría la manera de vivirlas.
Y cerró el libro sabiendo que aquella no era realmente la última página.
Era simplemente el final de un capítulo.
Porque todavía quedaban viajes por hacer, mesas por preparar, personas a las que abrazar, ideas un poco locas que llevar a cabo, celebraciones que organizar y muchísimas historias que contar.
Y, sobre todo, quedaba lo más importante:
seguir siendo ella.
Con sus ganas, sus ocurrencias, su gente, sus sueños y ese corazón enorme que, aunque a veces se cansara, nunca aprendió a dejar de dar.
Fin.
O mejor dicho…
Continuará. ❤️
Y ahora, después de leerla, solo puedo deciros una cosa:
GRACIAS.
Gracias a todas y cada una de las personas que habéis pasado por La Despensa de María y que, de una manera u otra, habéis contribuido a que este sueño siga creciendo un poquito más cada día.
Gracias por confiar, por volver, por recomendarme y por formar parte de esta historia.
Espero seguir viéndoos en las próximas páginas. ❤️