01/05/2026
Está es una de las sensaciones más bonitas que puede tener un ganadero:
Llegar a un prado, donde aparentemente no hay nada, hacer la llamada y en cinco minutos tener a 140 vacas, saliendo de entre los árboles dispuestas a seguirte a donde sea.
Confían en ti, porque saben que las cuidas, que viven en el lugar más bonito del mundo, con abundante comida y sin ningún peligro del que preocuparse. Cero estrés. Cero cortisol. Cero sufrimiento.
¿Crees que “energéticamente” esa vida de paz y armonía se traslada a la carne?
Nosotros creemos que si. Que cada día que cuido de ellas, de sus terneros, de la tierra y de lo que comen, también cuido de mi, de mi familia, de ti y de la “energía” que quiero poner en este mundo, para dejárselo a mis hijos un poco mejor de lo que lo encontré yo.
Es duro, cuando tienes que ir a las 10 de la noche asistir a una vaca que se ha quedado atrapada.
Cuando un ternero se pierde porque se ha caído. Cuando se ulceran sus ojos porque se clavan una brizna de hierba.
Pero no hay ningún otro trabajo en el mundo que yo pudiera hacer, que merezca tanto la pena.
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