28/09/2026
No es que caminar algunos cientos de kilómetros te convierta mágicamente en un ser iluminado, pero sí te da algo que en la vida cotidiana pocas veces tenemos: muchas horas de silencio para convivir con nuestros propios pensamientos. Y resulta que cuando no tienes tantas distracciones, una piensa. Muchísimo. A veces más de lo que quisiera. 😂
No, no volví iluminada, no encontré todas las respuestas de la vida y definitivamente no dejé de quejarme 💅🏼😌. Pero tuve mucho tiempo para pensar en cosas que, aparentemente, necesitaba que me recordaran mis propios pies.
Como que no tengo que ir al ritmo de nadie, que mi obsesión por planear no significa que la vida vaya a cooperar siempre, que estar cómoda le gana a verme aesthetic y que no todo lo que vivo necesita pruebas fotográficas de que efectivamente lo viví.
Y también confirmé algo que para mí era importante: no ser religiosa no significa no tener una vida espiritual. Mi forma de conectar con Dios no pasa necesariamente por una iglesia. A veces está en caminar en silencio, estar en medio de la naturaleza, admirar la belleza de las flores, la inmensidad del mar, agradecer por lo mi cuerpa poderosa, pensar en la gente que amo o simplemente sentirme parte de algo mucho más grande que yo.
Así que no, el Camino no me cambió la vida ni regresé convertida en una versión espiritualmente superior de mí misma.Pero sí me dio tiempo, silencio y espacio para mirar con un poquito más de atención la vida que ya tengo y en cómo quiero que se vea y sienta en el futuro.
Estas son 10 cosas que aprendí en el 🥾
¿Cuál te hizo más sentido?