16/04/2026
Un día como hoy, pero del 15 de abril de 1957, el cielo de Mérida, Yucatán, se vistió de luto y la voz de México se apagó inesperadamente. Aquel lunes negro, hace ya varias décadas, el ídolo de Guamúchil, Pedro Infante Cruz, emprendió su último vuelo a la temprana edad de 39 años.
Apenas minutos después de despegar del aeropuerto de Mérida en un avión carguero de la empresa Transportes Aéreos Mexicanos, una falla técnica convirtió su pasión por la aviación en una tragedia, desplomándose la aeronave en pleno patio de una casa. Con él se fue el carisma, la sonrisa y la voz que había conquistado a una nación entera a través de más de 60 películas de la Época de Oro.
La noticia paralizó a México. La radio y los periódicos informaron entrecortados que el "Capitán Cruz" —como le llamaban cariñosamente— había mu**to. Aquella mañana de Semana Santa, el país entero probó el sabor del llanto, despidiendo no solo a un actor y cantante, sino a la representación misma del mexicano: humilde, alegre y parrandero.
Su cuerpo quedó calcinado, pero su mito nació en ese preciso instante. El dolor fue tan inmenso que el pueblo buscó desesperadamente darle el último adiós, y las crónicas de la época cuentan cómo la noticia estremeció profundamente a todos, convirtiendo su memoria en un tesoro nacional que, hasta hoy, sigue vibrando en cada estrofa de Amorcito corazón.
Hoy recordamos a Pedro no con la tristeza de su partida, sino con la alegría que nos dejó, reconociendo que, a pesar del tiempo, su legado sigue siendo parte fundamental de nuestra identidad.