04/07/2015
AMIGOS LEAN ESTA PEQUEÑA REFLEXIÓN SOBRE EL DESPERDICIO DE COMIDA EN LOS HOGARES.
Ayer me preparé unos sencillos y ricos macarrones con chorizo y tomate. Para darle un toque más sabroso, quise gratinarlos con un poco de queso rallado por encima. Fui a la nevera, y allí tenía uno de los típicos sobres con queso rallado. Lo abrí y como tantas otras veces tenía moho. Resultado, a la basura. Por fortuna tenía otro paquete similar sin abrir y me pude comer los macarrones como quería, pero me hizo pensar en un tema recurrente. El desperdicio de alimentos.
Es cierto que hoy en día tiramos muchos alimentos y también lo es que hay millones de personas que no comen adecuadamente. Uno podría pensar que bastaría con que nosotros comiéramos un poco menos, para que el sobrante fuera a los que no tienen. Por desgracia, la realidad es más complicada.
Muchos de los alimentos que tiramos a diario en nuestras cocinas jamás se podrían enviar a los países donde hay desnutrición. Muchas de las cosas que se nos ponen malas son productos perecederos. De hecho, si habéis participado alguna vez en una campaña de recogida de alimentos sabréis que siempre nos solicitan productos no perecederos, precisamente porque son los que pueden llegar a su destino en condiciones de ser consumidos.
La cuestión es ¿qué podemos hacer en nuestro día a día para evitar el desperdicio? La verdad es que lo tenemos complicado. Como cocineros individuales siempre seremos mucho menos eficientes en el reciclaje de productos que un restaurante o una cadena de alimentación. En su caso es más fácil que ajusten sus pedidos y aunque tiren comida, pueden controlar más los imprevistos. En una familia esto es más complicado. Tenemos más imprevistos, nuestros hijos no quieren comer algo, nosotros no tenemos ganas de cocinar, o simplemente nos planificamos mal. Al final, el conjunto de todos esos pequeños errores agregados hacen que el despilfarro de comida sea mucho mayor en el ámbito doméstico.