02/11/2024
Frente a Pizzas Naur número 33, al caer el atardecer, un extraño dúo apareció: un payaso con una sonrisa inquietante y una figura delgada y pálida a su lado, llamada Lady Et. El payaso, con su maquillaje blanco roto y una sonrisa de labios agrietados y ojos profundos, tenía una presencia siniestra que capturaba la atención de cualquiera que se atreviera a mirarlo. Vestía un traje desgastado, con manchas y un aire anticuado, muy al estilo de los "payasos americanos" de las películas de terror, y en sus manos, sostenía una cubeta de palomitas, aunque pocos niños se atrevían a acercarse.
A su lado, Lady Et parecía flotar más que caminar. Su vestido oscuro, de tela fina y casi espectral, se movía como si tuviera vida propia. Tenía ojos grandes y brillantes, que hipnotizaban a quienes se atrevieran a mirarla directamente. Su sonrisa encantadora y enigmática, casi seductora, hacía que los curiosos no pudieran decidir si ella era realmente amigable o si guardaba algún oscuro secreto.
“¿No quieren probar unas palomitas?” murmuró el payaso con voz ronca, extendiendo el cubo hacia los niños que miraban desde lejos, sin moverse. “Estas son especiales, te llevan a mundos… diferentes.”
Lady Et, con un susurro seductor, añadió: “Son las mejores para disfrutar antes de una buena pizza… o, quizás, para escuchar una historia de miedo.” Su voz era tan suave que era imposible no sentirse atraído, aunque también un poco inquieto.
Poco a poco, algunos de los niños más valientes se acercaron, hipnotizados por la misteriosa presencia de Lady Et. A medida que tomaban las palomitas, la figura de ella parecía sonreír con una mezcla de ternura y peligro. Nadie supo bien por qué, pero esa noche, las pizzas de Pizzas Naur número 33 supieron un poco más intensas, y a la distancia, los ecos de risas y murmullos tenebrosos resonaron en la oscura calle.
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