31/05/2026
En 2022 comenzamos a construir una visión que tenía años en nuestra mente: un lugar para devolverle a San Quintín sus orígenes rurales, y regresar a la gente el contacto con la naturaleza, los animales, los productos naturales, los juegos y actividades de antes; la vida en familia y las infancias sanas.
Esperábamos el momento oportuno y las condiciones adecuadas, pero estas nunca dejan de verse un poco más adelante. Hay un momento en el que uno debe interrumpir tajantemente el flujo normal de la vida y decir: hoy.
Nuestro primer logro fue desmontar el terreno con un par de azadones y un par de rastrillos. Fue el primer paso para materializar la idea. En un inicio sembrábamos rábanos y cilantro para repartir a verdulerías y taquerías, pero debíamos soltar lo que no queríamos para aspirar a tomar lo que queríamos, aunque eso significara quedarnos con las manos vacías un tiempo. Esta fotografía es importante para nosotros porque representa justamente ese primer logro.
Creíamos que estábamos cerca, pero aprendimos que en ocasiones la ingenuidad es parte de la motivación para seguir adelante, porque si uno supiera con certeza todo lo que se debe atravesar, ni siquiera comenzaríamos. Dios nos esconde lo que nos detiene.
Emprender va más allá de los sacrificios. Significa también reestructurar el sistema de motivaciones: encontrar más satisfacción en comprar un árbol que en salir a comer, o en comprar madera que en comprar ropa, o en adquirir nueva herramienta de trabajo que un celular nuevo; o en comenzar un ahorro para comprar una vaca en lugar de un carro. Sobre todo cuando se tiene que elegir entre una u otra. En un punto del camino, parar se vuelve el nuevo sacrificio.
Sin referencias, nos jugamos el volado de apostar una parte importante de nuestras vidas en innovar un concepto nuevo para San Quintín, sin saber cómo respondería la gente. Uno debe aprender a ignorar la pregunta que acosa la mente todos los días del proceso: ¿estamos perdiendo nuestro tiempo y nuestros ahorros? Porque no sabíamos realmente si seríamos capaces de vivir de esto.
Solamente en retrospectiva uno es capaz de apreciar cómo los momentos de dificultad son necesarios para cambiar desde el interior la parte del ser que necesita ser cambiada para poder progresar.
Pasaron dos años más para poder abrir la granja. Fue el 8 de junio de 2024. Nos visitaron exactamente cero personas. Desmotivados decidimos cerrar temprano. Al día siguiente, con un golpe de “suerte” en redes sociales, comenzamos a ver familia tras familia bajar de sus carros vestidos de vaqueros para visitar la granja; nos visitaron un par de cientos de personas. Fue el primer respiro de tranquilidad en años, porque nos confirmó el camino correcto.
Pero ni el fracaso ni el éxito se definen en un día, sino en cómo se usa el camino andado para definir el camino por andar.
Gracias a Dios a través de ustedes la granja se mantiene de pie. Mil gracias por hacer posible este proyecto.
En unos días Granja Siglo Veinte cumple dos años. Nos habría encantado celebrar con ustedes este segundo aniversario, pero no será posible abrir la granja porque aún no se termina de atender la situación que ya conocen. Pero anhelamos el día de la reapertura y el regreso a la normalidad.
Estamos motivados por seguir adelante y seguir creando una historia con ustedes.
Falta mucho camino por recorrer.
Cuatro años después de esa foto, sigue siendo el comienzo.