23/09/2026
🧬 De ama de casa a científica que descifró el código genético de su propia hija
En 1996, Tracy Dixon-Salazar era una mamá que se quedaba en casa cuidando a su hija Savannah, de tres años. Una noche, la niña tuvo su primera convulsión. Meses después, las crisis volvieron con una violencia brutal: entre 50 y 100 convulsiones diarias, todos los días, durante años.
Los médicos diagnosticaron a Savannah con síndrome de Lennox-Gastaut, una forma severa de epilepsia infantil. Pero no encontraban una causa. Nadie podía explicarle a Tracy por qué su hija sana, de la noche a la mañana, había visto su vida completamente truncada.
Tracy no tenía formación científica. Un día encontró un artículo sobre genética y epilepsia y no entendió una sola palabra. Pensó que necesitaba mejorar su inglés... hasta que se dio cuenta de que el problema no era el idioma: era que no sabía ciencia.
Así que se inscribió en su primera clase de ciencias. Y se enamoró. Cada vez que su hija convulsionaba, ella se iba a estudiar. La ciencia se convirtió en su terapia.
🎓 De cero a doctora en neurogenética
En los siguientes 15 años, Tracy terminó su licenciatura, hizo un doctorado y un posdoctorado en neurogenética en la Universidad de California en San Diego. Trabajó jornadas de 80 horas semanales, durmió en su auto para poder cuidar sus muestras de laboratorio entre turno y turno, y ayudó a identificar decenas de mutaciones genéticas ligadas a enfermedades neurológicas infantiles.
Pero ninguno de esos hallazgos explicaba el caso de su propia hija. Hasta que su mentor le propuso secuenciar el genoma de Savannah.
💊 El medicamento número 27
Tras casi un año analizando los resultados, Tracy encontró mutaciones en genes relacionados con canales de calcio en las neuronas. Su hipótesis: el cerebro de Savannah estaba recibiendo demasiado calcio. Propuso tratarla con verapamilo, un medicamento usado normalmente para la presión arterial, algo que nadie había intentado antes para este tipo de epilepsia.
Savannah ya había probado 26 medicamentos sin éxito. El verapamilo fue el número 27. Y funcionó casi de inmediato: sus convulsiones bajaron de 300 al mes a unas 25. Volvió a hablar, a aprender, a "ser mandona", como recordaba su madre entre risas.
💜 Un legado que sigue vivo
Savannah falleció el año pasado, a los 31 años, mucho más tiempo del que cualquier pronóstico médico le había dado. Hoy Tracy dirige la Fundación LGS, donde ayuda a otras familias a acceder a diagnósticos genéticos y tratamientos que antes no existían.
Cuando ella empezó, la ciencia conocía apenas 4 genes ligados a la epilepsia. Hoy se conocen más de 1,500.
Una madre sin formación científica se convirtió en investigadora para salvar a su hija, y en el camino ayudó a cambiar el futuro de miles de familias más. 🙌