03/07/2026
Entrevista con nuestro sushinero.
R.- Cuéntenos un poco acerca de los alimentos que usted prepara.
S.- Claro, que gusto poder platicar contigo y con tus lectores a través de tu entrevista. Pues yo me dedico a preparar sushi, maki, para ser más específicos. El sushi es un plato típico de origen japones basado en arroz sazonado con vinagre de arroz, entre otras cosas. Yo preparo el maki, que es el tipo de sushi en donde el arroz se extiende sobre una hoja de alga nori, luego se coloca el relleno, que pueden ser una infinidad de cosas, yo le pongo usualmente pepino; queso crema, aguacate y surimi, camarón, lomo de atún o salmón. Sólo uno de los mariscos, no me gusta mezclarlos. Luego se enrolla y se corta en rodajas para servir. Se acompaña de salsa de soya y wasabi, que es un condimento picosón de sabor muy fuerte. En lo personal, me gusta que la salsa de soya sea picosa y alimonada, más que terriblemente salada como suele existir.
R.- ¿Y por qué sólo maki?
S.- Porque no me gusta hacer los otros tipos de sushi. Los sé preparar, pero no hay mística en los otros tipos de sushi.
R.- ¿Y en dónde aprendiste a hacer sushi, fuiste a Japón a tomar un curso o cómo fue?
S.- ¿De verdad quieres saber? Toma, un vasito de sake. Siéntate. Te voy a contar. Hará unos, no sé, muchos años. Trabajaba yo como titiritero en un crucero de una compañía que hacía viajes en el océano Pacífico, del lado de América. Un día surgió la oportunidad de suplir a otro titiritero en un crucero que salía de California e iba a varias islas del Pacífico, la paga era buena así que me embarqué. La noche en que estábamos a punto de llegar a las Islas Filipinas -mi familia paterna viene de allá, por cierto- estaba yo dando el show y unos turistas me empezaron a mandar shots, estaba de moda mezclar whisky con bebidas energéticas, total que se puso bueno el show. Los turistas eran unos hermanos mexicanos, me invitaron a su mesa y agarramos la fiesta. Uno de los hermanos estaba bien loquito, pidió dos botellas de whisky y como 10 latas de una bebida verde, o la lata era verde, no me acuerdo. La cosa es que nos fuimos a una de las albercas del barco según a ver el amanecer, el hermano loquito decía que había que darle shots a los peces y no se qué loquera le pegó que aventó una de las botellas al mar. Ya habíamos llegado a Manila y el barco estaba haciendo maniobras para atracar, ¿pues que no la botella que lanzó el compa éste fue a dar justo en la cabeza de un policía en una lancha de la guardia costera? Se armó un p**ote. Total que para que no me agarraran en la movida y me fueran a correr de la chamba me fui a esconder y ya cuando se medio aplacó el p**o me bajé del barco según a pasear. Todavía andaba cuetísimo. Me metí a un lutong pinoy a comer un pancit y un mango sago, tenían lambanog, que es una bebida fermentada de palmera de coco así que me la seguí. Para no hacer el cuento más largo, y más bien porque no me acuerdo, de repente me encontré con que el crucero se había ido y yo me había quedado en Manila. Me puse a platicar ahí en los muelles con unos estibadores y me dijeron que si conocía la ruta del barco podía irme trabajando en algún barco mercante e interceptar al crucero en algún puerto así que rápido me conseguí una chamba en la cocina de un carguero.
R.- ¿Ahí aprendiste a hacer sushi?
S.- No. Tómate otro vasito de sake. ¿Quieres un sushi? Te voy a preparar uno de cada uno. Pues resulta que al barco ese donde me subí de cocinero lo atacaron unos piratas. Sí, de verdad. No esos piratas de las películas con patas de palo y parches en el ojo. Unos piratas de estos tiempos. Súper armados, súper sanguinarios, súper violentos. Mataron a la mayoría de la tripulación, sólo nos dejaron vivos a los de la cocina y a unos que eran intérpretes. Eran chinos. Los comandaba una mujer. Los intérpretes nos dijeron que nos habían dejado vivos porque la capitana había matado al cocinero el día anterior porque no le gustó la comida. Ahí estuvimos cautivos tres años, cocinando, con miedo a ser asesinados en cada comida. Si algo no le gustaba a la capitana, uff, cuidado. Una vez le preparé unas enchiladas verdes. No le gustaron. Quién sabe que tanta cosa me gritaba en chino, súper enojada, con la pi***la en la mano. Afortunadamente en eso le avisaron del avistamiento de un mercante y se fue a la torre de mando. Saquearon ese barco y ya el coraje se le pasó. Suerte que tuve. Y pues ahí, para ir pasando el tiempo nos íbamos enseñando los guisos que sabíamos hacer. Yo les enseñé a hacer pozole; bacalao a la vizcaína; chicharrón en salsa verde… y entre otras cosas aprendí a hacer sushi. Y justo el sushi fue el que nos salvó. Una tarde la capitana agarró la fiesta con el primer oficial y el piloto. Nos pidieron sushi y aventaron unos peces globo en la mesa de la cocina. Es peligroso cocinar al pez globo, tiene una neurotoxina que te puede matar en segundos si no lo preparas bien. Nos echamos un disparejo para ver a quién le tocaba y que pierdo. Ahí estaba, muy cuidadoso preparando el sushi. A la hora de cortar el pez globo estaba yo sudando la gota gorda. ¿Has cocinado alguna vez en un barco? Es difícil, se mueve todo. Sacando el último filete ¡Chin! Que pincho el saquito del veneno, y toda la carne del pez se contaminó. Uno de los oficiales se dio cuenta, me dijo que siguiera preparando el sushi. Se lo llevaron a la capitana y sus invitados. Ya estaban bien cuetes, al ratito ya estaban mu***os. Yo pensé que nos iban a ajusticiar, pero la tripulación estaba contenta de que hubiera mu**to la capitana. El oficial que nos ordenó seguir preparando el sushi les dio órdenes a los marineros para que nos pusieran en una lancha a los cocineros y a los intérpretes. Nos dejaron a la deriva, en medio del océano. 12 días con sus noches estuvimos así. Nos dejaron agua y galletas, ahí las fuimos racionando. Éramos 8 en la lancha. Ya casi se acababa todo cuando nos encontró un barco de la guardia costera de EEUU. Nos llevaron a California y después como de un mes de interrogatorios nos soltaron. Eran otros tiempos, yo me regresé a México.
R.- Órale. Que grueso.
S.- Sí.
R.- Lo inventaste todo, ¿verdad?
S.- Sí.
R.- ¿Entonces cómo aprendiste?
S.- Me enseñó mi esposa.
R.- Ah. Están re buenos. Me encantó el de lomo de atún.
S.- El favorito del cocinero. ¿Otro vasito de sake?
R.- Sí.