26/05/2026
Sucedió hace unos días (y nunca he permitido, ni permitiré que suceda, si usted es así ni se le ocurra sentarse en nuestro restaurant).
Cuatro señoras llegaron al PICANTITO, una de ellas con una asistente encargada de cuidarle a un niño. Lo primero que llamó la atención de todos, personal y nuestros comensales, es que la niñera fue alejada de la mesa e ignorada la mayor parte del tiempo aún con el niño en brazos. Sin ofrecerle siquiera una bebida.
Las señoras ordenaron y, con ese desdén habitual de quien cree que comprar bienes o servicios le faculta para actuar de manera descortés al convertir a quien le sirve en individuos manipulables a su antojo, comieron exigiendo atenciones desmedidas y caprichos que parecían satisfacer egos al rediseñar el platillo y el servicio. La niñera continuaba sin siquiera agua. Era la hora de la comida y los olores y la vista de la comida hicieron más insoportable ver a esa trabajadora ser un objeto que cargaba a un niño sin descanso, ni agua, ni alimento.
Nuestro personal acordó llevar en cortesía refrescos y uno de nuestros mejores platos para esta mujer que su necesidad la obligaba a soportar su esclavitud. La visión de esta actitud se complementaba con miradas de desprecio hacia la trabajadora y pláticas sobre quien tenía el marido más poderoso.
Devoraron retando la resistencia de sus fajas abdominales y ordenaron al muchacho del servicio, juntar las sobras de todas en un solo plato para dárselo a la niñera. ¡si, las sobras! Tomé lo que nosotros le invitariamos y le dije a la señora que no hacía falta que sacrificaran de sus bocados, que El Picantito, le invitaría la comida a la trabajadora. El escándalo sobrevino.
Me dijo que le estaba faltando el respeto porque ella sabía como tratar a "su muchacha" en ese tono que significa como amaestrar a una persona. Le pedí por favor que dejara comer lo que le invitamos porque queríamos que probara y que lo que habían juntado en un solo plato se podía poner para que degustarán más tarde. La cosa empeoró.
Comenzó a gritarme, que era yo un metiche, que quería protagonizar el momento, que no sabía con quien me había metido y que agradecido debería estar que hayan decidido ir a comer al PICANTITO. Me mordi la lengua para no sacar mi verbal artillería pesada, en parte para que la niñera continuara comiendo delicioso y con show, creo que no es la primera vez que su empleadora hace aspavientos y creo que ya hasta cierto modo entre sus labores aciagas le divierte.
En fin, la cosa es que terminé pidiéndole que por favor no pagaran la cuenta que también el PICANTITO les invitaba, pero eso sí nada de sobras ni para llevar.
Amigos, la dignidad de los trabajadores es también la dignidad de los empleadores. Luce tus joyas y tus afeites y bellos atuendos pero has lucir mejor tu calidad de persona que respeta y sabe ganarse el respeto.
El PICANTITO, ofreció trabajo a Mariana, porque la niñera tiene nombre y ganas de salir adelante. Hasta hoy no se ha presentado a la oferta. Tal vez no viven en Tuxtla, tal vez así funciona la esclavitud moderna de los menos favorecidos en oportunidades. De cualquier modo si conoces a Mariana dile que el trabajo sigue a su disposición y que compartiremos con ella amistad y todo nuestro apoyo para que pueda seguir adelante.
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