05/01/2026
3 tipos de hambre explicados "simplemente"
El hambre no se trata sólo de un estómago vacío. Tu cerebro recibe señales de composición corporal, hormonas, emociones e incluso microbios intestinales. Así es como funcionan los tres tipos principales:
1️⃣ Hambre homeostática (Hambre de equilibrio energético)
Este es el medidor de combustible de tu cuerpo. "Se levanta y cae en base a las necesidades de energía y las señales metabólicas.
Lo que lo impulsa: Ghrelin (hormona grelina) desde el estómago estimula el hambre; la leptina de las células grasas y las hormonas incretinas (GLP-1, PYY, CCK) lo reducen.
Lo que hace: asegura que tu ingesta coincida con tus necesidades de energía para hacer ejercicio, crecimiento y reparación de tejidos.
Ejemplo: Después de un largo plazo, el hambre homeostática te empuja a reemplazar calorías y glucógeno.
2️⃣ Hambre Hedónica (Hambre impulsada por la recompensa - placer)
Este es tu sistema de "placer alimenticio". Se desencadena por la vista, el olor, los hábitos y las emociones, no por las necesidades de energía reales.
Lo que lo impulsa: circuitos de recompensa cerebral activados por alimentos altamente aceptables y hasta cierto punto "adictivos" (azúcar, grasa, sal).
Lo que hace: Alienta comer incluso cuando no tienes hambre de verdad. Las débiles señales de saciedad hacen que sea más difícil parar.
Ejemplo: Anhelo de postre después de cenar aunque estés lleno.
3️⃣ Hambre impulsado por microbiota (hambre de la microbiota intestinal)
Tus bacterias intestinales también dan forma a las señales de hambre al producir metabolitos que influyen en las hormonas y el cerebro.
Lo que lo impulsa: los microbios generan compuestos que imitan señales de hambre o saciedad, afectan la insulina y modulan ghrelin, GLP-1 y PYY.
Lo que hace: vincula la salud intestinal con la regulación del apetito y el control metabólico.
Ejemplo: Ciertos desequilibrios bacterianos pueden aumentar los antojos o debilitar la saciedad, empujando de más.
Fasano, A. (2025). La fisiología del hambre. The New England Journal of Medicine, 392(4), 372-381.
Gracias William Wallace Ph.D