Barranco vintage

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La historia entre Enrique Polanco y Víctor Humareda es uno de los capítulos más fascinantes de la pintura peruana modern...
18/09/2026

La historia entre Enrique Polanco y Víctor Humareda es uno de los capítulos más fascinantes de la pintura peruana moderna. Representa el vínculo de amistad, mentoría y complicidad artística entre dos de los más grandes exponentes del expresionismo urbano en el Perú.
La historia comenzó en 1975, cuando un joven Enrique Polanco acababa de ingresar a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima. Humareda, quien ya era un pintor consagrado pero de vida marginal y bohemia, vio algo especial en los trazos iniciales del muchacho. Se acercó a él, entablaron conversación y, a partir de ese día, se convirtió en su amigo, visitándolo religiosamente un par de veces por semana.
El escenario principal de su amistad fue el Hotel Lima, ubicado en el convulsionado barrio de La Parada (La Victoria), donde Humareda vivió refugiado durante décadas.La anécdota de la manzanilla: Polanco recuerda con humor que Humareda lo citaba frecuentemente en el restaurante de abajo del hotel para tomar té de manzanilla. El motivo secreto era que Humareda estaba platónicamente enamorado de la hija de la dueña, una joven huancaína muy atractiva.
Para el joven Polanco, entrar al entorno de Humareda significó sintonizar directamente con la Lima popular, caótica, nocturna y marginal que más tarde definiría su propia propuesta estética.
Más allá de las vivencias personales, ambos pintores comparten una misma herencia pictórica plasmada en la investigación sobre la imagen de la ciudad en la pintura peruana
Víctor Humareda retrató una Lima melancólica, oscura y delirante, habitada por arlequines, prostitutas y toreros, usando el color de forma efusiva pero desde la soledad de su habitación.
Enrique Polanco, fuertemente influenciado por esa audacia, llevó el expresionismo a las calles. Se dedicó a pintar Barrios Altos, el Rímac y la cultura de los migrantes andinos, retratando una urbe cambiante, violenta, pero cargada de una vitalidad cromática salvaje.
Humareda falleció en 1986. A lo largo de su carrera, Polanco ha mantenido viva la memoria de su mentor mediante entrevistas, crónicas y homenajes, desmitificando las leyendas urbanas para rescatar el lado más humano, generoso y obsesivo de uno de los mayores genios del arte peruano.

En las tardes me meto al Cinematógrafo de Barranco , uno aprende viendo, dice siempre Pipo. Allí veo un montón de pelícu...
17/09/2026

En las tardes me meto al Cinematógrafo de Barranco , uno aprende viendo, dice siempre Pipo. Allí veo un montón de películas que Sonia Arispe y Mario Rivas programan con pasión. Todo un ciclo de Truffaut y otro de Buñuel , que son un éxito. Las colas llegan hasta la esquina y hay gente sentada hasta en los pasadizos. Un día se enferma el operador y Sonia me pide que lo reemplace. Estoy como un mes poniendo y sacando rollos. Me veo cada película como cien veces a través del cristal de la caseta de proyección.

Detenerse en la lógica del montaje . Disfrutar de las actuaciones . Extasiarse con algún plano secuencia . En esas tardes veo tanto cine que me obsesiono. Todo es cine . Mis pensamientos discurren sobre bobinas de celuloide , mis palabras corren como una cinta subtitulada. Incluso pienso en filmar todos los actos de mi vida con una cámara atada a la cabeza . Sí, creo que enloquezco un poco , hasta que Pipo me dice que lo mejor para calmar la cinefilia es que apunte todas mis ideas como si fueran parte de mi guión.

Sueños Bárbaros
Una Novela de Rodrigo Núñez Carvallo
Pintura de Carlos Enrique Polanco

El zoológico que se fue Un barquillo, una bola de helado, un algodón dulce o un cucurucho de cancha para los chicos. Un ...
14/09/2026

El zoológico que se fue

Un barquillo, una bola de helado, un algodón dulce o un cucurucho de cancha para los
chicos. Un vaso de naranjada y tejas, empanadas o camotillos para los mayores. El
mono organillero a la entrada del zoológico de Barranco, que entregaba un papelito a
cambio de una peseta (20 centavos de sol) adelantaba la aventura que las familias
limeñas de la década de los 40 iban a repetir o a experimentar por primera vez.
“Vamos al zoológico”, era una proclama, más que una invitación o una orden.
El zoológico de Barranco fue la versión posrepublicana de lo que ahora es el Parque de
las Leyendas. Desde 1944 y durante 26 años fue el principal centro de distracción de
una Lima que ha dado paso al cemento y al tráfico automotor.
Tras la decadencia del antiguo zoológico del Parque de la Exposición (que data de
1872, destruido en la Guerra del Pacífico y luego reconstruido), en 1935 el alcalde Luis
Gallo Porras ordenó su traslado. La mudanza se terminó de concretar en 1944, cuando
los animales se instalaron definitivamente en Barranco.
Se ubicó en el Parque de la Confraternidad (inaugurado en 1945), que más tarde se
transformaría en parte del estadio Luis Gálvez Chipoco y área del actual Museo de Arte
Contemporáneo (MAC). El espacio incluía lagunas, canchas de tenis y otras
instalaciones. En 1947 se consolidó formalmente como el único zoológico de Lima en
esa época.

Desfile de fauna
El zoológico de Barranco funcionó aproximadamente entre 1944/1947 y 1970 (algunas
fuentes mencionan el cierre a finales de los años 70). Llegó a albergar en su momento
de auge a unos 600 animales, y al cierre, alrededor de 300. Entre los más recordados
estaban la leona “Reina” (proveniente de Costa Rica en 1959), la elefanta asiática
“Mary Jumbo” o “Mery” (llegó en 1957 con un circo estadounidense); un hipopótamo
donado por el zoológico de San Diego en 1961; las tortugas de las Galápagos (Sansón y
Job, llegadas en 1963), y la cocodrilo “Naylamp” (nacida en Tumbes hacia 1925-1927),
trasladada después al Parque de las Leyendas.
Hay que admitir, eso sí, que casi todos los animales vivían enjaulados. Fríos barrotes en
invierno y abrasadores en verano hacían sufrir a los pobres monos, hienas y felinos, sin
las adecuadas y modernas técnicas que se estaban imponiendo en los diversos
zoológicos de Estados Unidos y Europa. Aquella era una constante en Sudamérica, lo
que acarreó denuncias de las incipientes organizaciones de defensores de los animales
que ya surgían con fuerza en el Perú.

Cierre y legado
Las familias no solo iban a ver a los animales, sino también paseaban en botes por una
lagunita y un ambiente del parque recreativo. Al medio había una fuente de soda
donde los visitantes se detenían (sobre todo los papás, cansados de remar en botes
algo desvencijados) para comprar una gaseosa, alfajores o butifarras.
Sin embargo, alrededor de 1970, el zoológico cerró definitivamente. El empuje
inmobiliario de la zona, la necesidad de contar con áreas deportivas en el distrito y el
gradual declive en el cuidado de los animales hizo que todos los ejemplares fueran
trasladados al Parque de las Leyendas (inaugurado en 1964 en San Miguel), que se
convirtió en el nuevo zoológico principal de Lima, aunque su diseño original no contemplara serlo. Algunos ejemplares, como Naylamp y las tortugas Sansón y Job,
vivieron allí durante décadas.
El terreno del antiguo zoológico de Barranco pasó a formar parte del estadio Gálvez
Chipoco. Hoy no queda rastro del zoo, pero forma parte de la memoria colectiva del
distrito. Aquella que rescatan sobre todo los mayores de sesenta.

(M.P.B.)

En la imagen, este escribidor posa bajo una de las esculturas del tradicional zoológico
barranquino, al que frecuentaba en pos de visitar al hipopótamo, su animal favorito,
que retozaba en un ambiente acuático especialmente diseñado para el solitario
artiodáctilo

Barranco 31 de Diciembre de 1939Memoria que presenta el Alcalde Germán Noriega del Valle al Concejo municipal  que prece...
14/09/2026

Barranco 31 de Diciembre de 1939
Memoria que presenta el Alcalde Germán Noriega del Valle al Concejo municipal que precede.

Calle Malambito : obra de canalización y ensanche de la acequia Talana

Canalización de la acequia Talana en la calle Nueva.

Qué gusto ver los avances de la antigua residencia ubicada entre las calles Ayacucho y Zepita en el distrito de Barranco...
13/09/2026

Qué gusto ver los avances de la antigua residencia ubicada entre las calles Ayacucho y Zepita en el distrito de Barranco .
Pronto veremos un local remozado y abierto al turismo .

[Las ventanas de la tarde] José María EgurenFragmentoAhora que el viento cae, con el último acento del día, se dilata el...
11/09/2026

[Las ventanas de la tarde]
José María Eguren

Fragmento

Ahora que el viento cae, con el último acento del día, se dilata el camino con sus alamedas tenues y sus cercos de laca obscura. Las notas de los sauces : el rojo, el verde se iluminan y el chaparral se enciende. El sol de mediodía es sol de sueño ; las aves que melodizaron la aurora despiertan en la tarde nuevamente, y los niños principian nuevos juegos. Las mesetas, las bardas, un claro de parterre alegran el camino. Aparecen las sombras que el azul transparenta, las que borrara el sol pleno al mediodía ; las aguas espejean un verde anaranjado y garance rosa.
Las quintas viñetean la tarde. Las ventanas encienden su candela dorada ; el cielo baja el tono ; la luz del Sol ha envejecido ; es la añoranza de la luz. Cada ventana es un recuerdo ; lámpara vespertina de las rosas de Oriente, rosas moras ; las ventanas de vidrio son las candelas de la tarde.
La niña lejana que se asoma, que sueña lejanías al diapasón poniente. El cuento de la tarde.

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Mandolina Monocorde
Martín Adán
Publicado en 1931

Sabe qué es un día en Barranco
El esfuerzo de un cholo que sube un volquete por el talud del ferrocarril ; un viejecito decente todo ceño, mostacho, mentón, ci******lo en boquilla, que ante el sol poniente, no alcanza a soltar un regüeldo; una mirada, toda la Bárbara tristeza de una pared de roja luñidura donde percute, con huella de impacto, la habrán previamente pintado nuestros ojos de los colores preferidos o una calle al óleo, toda brillo teoría de inmuebles espolios ; una pared que acaba de traspasar un vuelo de palomas negrales, blanca hoja línea ; saúcos, de hoja lueñe ; fresnos, de hoja leña ; ficus de hoja de piel de la planta del pie ; raros árboles, de hoja de humo o que no se ve y apenas se oye ; algo más que una percepción ; un giro de alma.

Sobre todo, un día de Barranco es una tetera sobre una mesa ; un fresco pintado en una entreventana ; una paloma azulenca de la cual toda cabezada, todo paso, todo gesto conspira a esclarecer el pavón de la pluma. Aquí vivir es contener el aliento.

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En 1917 Abraham Valdelomar concede una entrevista al semanario Barranquino "Balnearios"
El Conde de Lemos dijo así :

"Vengo a Barranco a lavar mi espíritu en la diafanidad del cielo y a perfumarlo luego con el perfume de los campos. Aquí, en esta encantadora y paradisíaca villa, ennoblecida con los versos de tantos poetas y la música de tantos prosadores, aquí donde resuena aunque lejana la lira multicolor de Eguren, yo he sentido rejuvenecer mi alma : he vuelto a ser infantil".

El mítico encuentro entre Allen Ginsberg y el poeta peruano Martín Adán ocurrió en mayo de 1960 en el emblemático Bar Co...
10/09/2026

El mítico encuentro entre Allen Ginsberg y el poeta peruano Martín Adán ocurrió en mayo de 1960 en el emblemático Bar Cordano, ubicado en el Centro Histórico de Lima, frente a la Estación Desamparados.
Ginsberg, la gran voz de la Generación Beat estadounidense, llegó a la capital peruana invitado por el escritor Sebastián Salazar Bondy. Mientras paseaba por la zona junto a su joven guía e intérprete, Jorge Capriata, se cruzaron con Adán en la calle y decidieron ingresar al bar para conversar.
El encuentro dejó varias anécdotas y detalles que marcaron la memoria literaria de la ciudad
La araña en el sombrero: Durante la cita, Ginsberg le advirtió a Martín Adán que tenía una araña en su sombrero. Asustado, el poeta peruano tiró la prenda y pisó al insecto, un acto que Ginsberg interpretó como un reflejo del miedo humano hacia el propio cuerpo.
Alcohol frente a comida: Mientras compartían la mesa, Adán prefirió no comer absolutamente nada y se dedicó únicamente a beber alcohol, bajo el ala de la indigencia y el alcoholismo crónico que padecía en aquella época.
El choque poético: Discutieron sobre sus autores favoritos y visiones de la poesía. Impactado por la dignidad y el drama del escritor peruano, Ginsberg le llegó a decir: "No quiero leer tus tímidos sonetos, dame tus más sucios y más íntimos escritos"
El legado: Inspirado profundamente por este choque cultural y amical, Ginsberg escribió tres notables poemas fechados el 19 de mayo de 1960: «A un viejo poeta en el Perú» (To an Old Poet in Peru), «Muere en su soledad con grandeza» y «La inteligencia deslumbrante», incluidos posteriormente en su célebre poemario Reality Sandwiches.

Foto creada por la IA teniendo como referencia las fotos originales de ambos poetas y del bar El Cordano

"La tarde ya se habrá acabado en la Ciudad. Y yo todavía me siento la tarde" .Martín AdánPoemas UnderwoodFoto : Calle Ca...
09/09/2026

"La tarde ya se habrá acabado en la Ciudad. Y yo todavía me siento la tarde" .

Martín Adán
Poemas Underwood

Foto : Calle Cajamarca

Muchos de los visitantes y nuevos vecinos del Malecón de Barranco acostumbran observar el Mar al pie de los acantilados ...
07/09/2026

Muchos de los visitantes y nuevos vecinos del Malecón de Barranco acostumbran observar el Mar al pie de los acantilados . Muchas parejas de jóvenes veinteañeros disfrutan los atardeceres escuchando las olas andar.
A mi memoria llegan los recuerdos de los días de playa en Barranquito. Esperar el silbido de tu pata de la cuadra para salir a toda prisa — con el torso esquelético desnudo y los pies descalzos-- la nariz y los labios untados del bloqueador de Donofrio o la mantequilla de cacao de la botica del barrio.

Éramos la mancha de siempre luciendo nuestros cuerpos adolescentes. Compartiendo los audífonos del preciado walkman, y así poder escuchar a los Nosé quién y los Nosé cuántos.

Llegábamos a La Bajada del burro Finalizando Sáenz Peña. Un centenar de escalones serpenteantes eran la ruta preferida para nuestros ágiles y adrenalínicos cuerpos.
El acantilado nos invitaba al Mar, a sus playas llenecitas de arena y su canchita de cemento donde se peloteaba. Otros nos dirigíamos al lado del Grill a ejercitar el cuerpo en las paralelas y barras de fierro donde la mayoría se concentraba.

El polo y las chancletas se las encargábamos a la tía del kioskito.
No cargábamos celulares y la mayoría no utilizaba reloj. Nuestro hombre del tiempo era el señor que hablaba por el parlante dando la hora Inca Kola.

En cada playa uno veía gente distinta. Los grupos de personas sabían donde dirigirse. Desde el Grill hasta Sombrillas. Tirando dedo en La curvita o subiendo por el Puente que da a La Bajada de Los Baños o Armendariz. Muchas veces llegábamos pasada la hora del permiso. Contentos del día de playa con los causitas del barrio, con la mancha inolvidable. En nuestro viejo Barranco

Juan Manuel Samamé Velazco
Fotografía: Mario Testino

Gaudencio Bernasconi  (La Posta Médica) 6:30 a. m. Un aroma a pan tostado irrumpe  mi sueño escondido bajo la frazada  d...
04/09/2026

Gaudencio Bernasconi
(La Posta Médica)

6:30 a. m.

Un aroma a pan tostado irrumpe mi sueño escondido bajo la frazada del viejo tigre ; olor a café pasado y leche fresca del establo ; el té de palitos de la señora Mattos; el pan francés del señor Pizzorni..
Mi madre gritando desde la cocina

¡Juan Manuel , levántate !

Tenemos que ir a la Posta...

Un bostezo en mi desobediencia de niño, me hace arrullarme nuevamente; unos minutos de silencio..

¡Juan Manuel!
¡levántate!

Segundo y medio bastó, para lavarme, peinarme, cambiarme y sentarme a la mesa.

7.30 a. m.

Av. Grau y 28 de julio ; una fila de señoras con bebés en brazos esperan ser atendidas ; algunas dan de lactar, también hay ancianos, una niña y dos niños esperando.
Las puertas se abren, mi madre coge mi mano y me pide que me porte bien.

Dentro del lugar, un señor de aspecto serio detrás de un mostrador junto a una señora, son los encargados de atendernos. Mi madre empieza a observar todo el lugar ; cada espacio , cada rincón lleva algún cartel pegado, una señal de pase ➡️, otra de Silencio 🤫, fechas de campañas 📆 , fotos de jeringas , de jarabes, pastillas.

Bancas de madera, al lado de cada consultorio ; la enfermera gritona y mi mamá corriendo trás de ella.
Los niños se desprenden de sus padres, la mañana avanza y pueden oírse llantos, quejidos, berrinches.

Mamá conversa con una señora gorda y un niño me invita a jugar por el pasillo ; una sonrisa nos lleva a descubrir una puerta secreta donde un pequeño patio se convierte en el estacionamiento de la Nave Nodriza

¡Oh, no!, el vigilante nos descubre, nos regaña y nos devuelve al interior. Huimos hacia el segundo piso ; el pasamanos es un cohete donde mi amigo y yo caemos deslizándonos a toda velocidad ; mi madre pronuncia mi nombre, mi madre grita mi nombre, mi madre..
Mis manos sucias y mis mejillas del color de una Kola Inglesa
Una voz extraña pronuncia mis apellidos ; ingreso al cuarto de la camilla y la balanza, de la doctora y la enfermera. Me piden que abra la boca, me revisan el pecho, la espalda..

9.30 am

Salgo de la mano de mi madre a tomar el bus hacia mi casa ; es invierno, la mañana es fría. Arrecuesto mi cabeza sobre su hombro ; un bostezo largo y agotado, una tos y estornudo de ventana abierta.

Miro su rostro observar las calles de Barranco y susurrando le pregunto :

¿Mamá, hoy voy a ir a la Escuela ?

-No, hijo. Te voy a preparar una sopita y te quedarás en cama unos días...

Abrazo a mamá, cierro mis ojos.

Juan Manuel Samamé Velazco
Recuerdos de mi niñez en la década de 1980

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