16/08/2026
Vivir y trabajar en el campo no es fácil. Aquí no tenemos horarios, feriados ni días de descanso. Muchas veces trabajamos de sol a sol, cuando llega una emergencia con nuestros animales, no importa si es de noche ó madrugada: tenemos que levantarnos y estar ahí. Porque el ganado depende de nosotros.
Pero, a pesar de todo ese sacrificio, lo hacemos porque nos gusta. Ser agricultor o ganadero no es un trabajo que cualquier persona pueda soportar; se necesita dedicación, paciencia, fortaleza, sobre todo, amor por lo que hacemos.
A mí me llena de satisfacción ver cómo una planta que sembramos desarrolla bien, se pone hermosa y empieza a producir. También me alegra ver cómo nuestras vacas responden a una buena alimentación, producen más leche y mejoran su condición. Cuando las cosas salen bien, todo ese esfuerzo vale la pena.
Muchos amigos me dicen: “Rubén, no sé cómo haces para hacer tantas cosas”. Y mi respuesta es sencilla: porque me gusta. Disfruto estar con mis animales, trabajar la tierra y aprender cada día.
Pero también quiero decir algo: la agricultura y la ganadería merecen ser valoradas y respetadas. Gracias al campo existe el alimento que llega a nuestras mesas, y alrededor de la agricultura se mueve el comercio, el transporte, los bancos, la minería, las empresas y muchas otras actividades.
Por eso, nunca debemos sentirnos menos por ser del campo. Al contrario, debemos sentirnos orgullosos. Detrás de cada alimento hay un agricultor y un ganadero que trabaja bajo el sol, bajo la lluvia, de día y muchas veces de madrugada.
El campo no es solamente un trabajo. Es una forma de vida, es sacrificio, es pasión y es el sustento de todos.
Valoremos al agricultor y al ganadero, porque mientras haya personas trabajando la tierra y cuidando sus animales, habrá alimento y habrá futuro.