10/05/2026
Hola… sí.
Comencé esta historia contándoles que cuando yo nací era así: blanquito, rubio y de ojos verdes.
Pero un día, a mi mamá biológica se le incendió la cuna… y quedé así.
Diferente.
Pero igual con una sonrisa… y esos rizos que terminaron definiéndome.
Como mi mamá biológica ya no pudo seguir sacándome adelante, apareció ella…
Zoila Romero.
Cuidándome.
Protegiéndome.
Dándome todo lo que podía, incluso cuando no tenía la obligación de hacerlo.
Con el tiempo crecí.
Comencé a trabajar con ellos también en el negocio familiar.
Pelando papas.
Yéndome al colegio.
Y en las noches ayudando a atender la pollería que tenían.
No fue una vida perfecta… pero sí una vida llena de esfuerzo.
Un día, después de algunos problemas, decidí irme al ejército.
A mi mamá no le gustó la idea.
Se molestó conmigo.
Y creo que en el fondo le dolía verme partir.
Pero pasó el tiempo…
Y un día llegó.
Nos abrazamos tan fuerte…
que sentí que toda esa molestia se había quedado atrás.
Después entendí que tenía que tomar nuevos caminos.
Porque mi vida ya sentía que no estaba allí.
Han pasado más de veinte años sin verla…
y aun así, desde aquí, desde el desierto de Atacama, la siento como si hubiese sido ayer.
Gracias, mamá.
Porque cuando llegó el momento de querer a ese niño…
no le cerraste la puerta.
Le dijiste:
“Yo creo en ti.”
Lo cuidaste…
y hoy ese niño está aquí.
Hecho un hombre.
Agradeciéndote.
Feliz Día de la Madre. ❤️