18/04/2025
Jagüey blanco (Ficus citrifolia)
Guardían antiguo del bosque, el jagüey blanco extiende sus raíces con la delicadeza de quien cose el tiempo.
No solo sostiene la tierra: sostiene también la memoria, los saberes no escritos, las historias que viven en lo profundo del monte.
Con sus brazos aéreos y su sombra generosa, nutre el suelo, da refugio a las aves, alimento a los murciélagos y provee medicina a los cuerpos. En su savia habita la memoria de los que curaban con las manos, y en sus raíces colgantes, el puente entre el cielo y la tierra.
Presente en los bosques húmedos de Boriké, este ficus sagrado ha sido siempre umbral entre mundos:
lo visible y lo invisible, lo humano y lo silvestre.
En sus cavidades se encuentran secretos antiguos.
Dicen que donde hay un jagüey,
hay una puerta abierta al misterio.
Que su tronco no solo sostiene al bosque,
sino a los saberes que no se escriben,
sino que se sienten, se honran y se recuerdan.
El jagüey no pregunta, no exige, pero enseña.
Y en su enseñanza, nos devuelve a lo que somos:
raíz, sombra, nido, ciclo, bosque.