18/10/2024
París, 16 de noviembre de 1817. Aunque la guerra había terminado, el aire aún estaba cargado con el aroma acre de la muerte y la destrucción. Sin embargo, un buen vino podía mitigar la ansiedad y el agotamiento que pesaban sobre los hombros de muchos. El capitán Antoine, conocido cariñosamente como Antoua por sus amigos, decidió buscar refugio en una bulliciosa taberna. Algo importante parecía estar ocurriendo allí, ya que diferentes personas entraban y salían con expresiones variadas de asombro y desconcierto. Acompañado por el joven teniente Josué Le Fontain, Antoua se acercó a un joven que acababa de salir de la taberna. “Disculpe, joven. ¿Sabe usted qué sucede en la taberna?” “Claro, mi señor,” respondió el muchacho con entusiasmo. “Hay alguien hablando sobre la libertad de las Américas.” “Gracias, caballero,” dijo Antoua, con un gesto de curiosidad e intriga en su rostro. Josué, que compartía la curiosidad de su capitán, añadió: “Debemos entrar, Antoua. Además, ambos necesitamos algo de vino.” Al entrar, se dirigieron a la barra, donde podían ver y escuchar claramente a un hombre que hablaba con elocuencia y pasión. Se trataba de Don Francisco de Miranda, quien capturaba la atención de todos con su discurso sobre la independencia americana. “¡Bien, caballeros! Tenéis la oportunidad de participar en la gesta heroica más importante de nuestros tiempos. Lo que comenzó con un grupo de hombres armados con herramientas de campo está ahora tambaleando la permanencia del Imperio Español en América, con un ejército bajo el mando del joven General Simón Bolívar.”